El Jueves Santo marca el comienzo del Triduo Pascual. Por la mañana, en cada diócesis del mundo, se celebra la Misa Crismal, un rito que reúne al obispo junto a sus sacerdotes y fieles. Durante esta eucaristía, se consagra el Santo Crisma y se bendicen los otros óleos sagrados, el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos, que se utilizarán en los sacramentos durante todo el año, Bautismo, Confirmación, Unción de los enfermos y Orden sacerdotal.
La Misa Crismal es también el momento en que los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales frente al obispo, reafirmando su compromiso de servir al pueblo de Dios con fidelidad y entrega. Este gesto refuerza la comunión entre el obispo, sus presbíteros y la comunidad diocesana.
Al caer la tarde, la Iglesia celebra la Misa de la Cena del Señor, el corazón del Jueves Santo. En esta liturgia se recuerda la última Pascua que Jesús pasó con los apóstoles, instituyendo la Eucaristía y el sacerdocio.
Uno de los gestos más visibles es el lavatorio de pies, donde el sacerdote imita a Cristo y limpia los pies de doce personas que representan a los apóstoles. Este acto simboliza que el amor se ejerce a través del servicio: “Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho” (Jn 13, 14-15).
Acompañando este gesto, Jesús deja el Mandamiento nuevo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros” (Jn 13, 34).
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