La victoria del Oklahoma City Thunder en las Finales de la NBA 2025 no solo representa la obtención de un título, sino también el inicio simbólico de una nueva era en la liga.
Con un núcleo liderado por Shai Gilgeous-Alexander, Jalen Williams y Chet Holmgren, el equipo ha demostrado que es posible construir un campeón desde cero, con paciencia, visión y desarrollo de talento joven.
Después de traspasar a estrellas como Russell Westbrook y Paul George en 2019, el gerente general Sam Presti apostó por el largo plazo: acumuló selecciones del draft, invirtió en jugadores jóvenes y priorizó la cultura organizacional por encima de resultados inmediatos.
Seis años después, la apuesta rinde frutos con una plantilla cuya edad promedio ronda los 24 años y que ya compite —y gana— al más alto nivel.
La consagración del Thunder llega tras una temporada regular de 68 victorias y unos playoffs en los que eliminaron a franquicias consolidadas como los Denver Nuggets y los Dallas Mavericks. En las Finales, se impusieron 4-3 a los Indiana Pacers en una serie marcada por intensidad, equilibrio y resiliencia.
Más allá del anillo, el logro del Thunder plantea una pregunta relevante para el presente y futuro de la NBA: ¿estamos asistiendo al fin de la era de los “super equipos” y el ascenso de modelos basados en planificación, scouting y desarrollo interno?
El liderazgo sereno de Gilgeous-Alexander, elegido Jugador Más Valioso de la temporada y de las Finales, encarna ese nuevo paradigma. No fue necesario armar una constelación de figuras: bastó con un equipo cohesionado, bien dirigido y preparado para ejecutar bajo presión.
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