La falsificación de medicamentos continúa siendo una amenaza para la salud pública, debido a que estos productos pueden contener sustancias inadecuadas, cantidades incorrectas de principios activos o componentes peligrosos que ponen en riesgo la vida de los pacientes. Además, esta práctica ilegal afecta la confianza en los sistemas sanitarios y en los tratamientos médicos.
Las autoridades sanitarias mantienen el llamado a la población a adquirir medicamentos únicamente en establecimientos autorizados y verificar el origen de los productos. Combatir este delito requiere la participación de todos los sectores para garantizar medicamentos seguros, efectivos y proteger el bienestar de la sociedad.
De este modo, resulta primordial reconocer que cuando un medicamento no funciona como debería, pueden ocurrir diversas consecuencias graves:7
- No trata, ni previene la enfermedad para la cual fue recetado.
- Contribuye al preocupante fenómeno de la resistencia a los antimicrobianos.
- Genera un desperdicio de recursos valiosos, tanto económicos como asistenciales.
- Provoca una pérdida de confianza en los medicamentos y desconfianza hacia los profesionales sanitarios.
Además, a nivel socioeconómico, el impacto es igualmente negativo, según la OMS, esto contribuye a la pérdida de productividad, aumentando los gastos tanto para el individuo como para el sistema nacional de salud.7
Es de considerar que, estos productos falsificados o de baja calidad llegan con mayor facilidad a los pacientes que viven en situaciones donde el acceso a productos médicos seguros y de calidad es limitado.7 La magnitud de la situación se comprende mejor al recordar que hasta 2 mil millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a medicamentos, vacunas, dispositivos médicos y otros productos sanitarios esenciales, lo que crea un vacío que se llena con productos falsificados y de baja calidad.1
Dentro de este marco, vale la pena tener en cuenta que tanto los medicamentos genéricos como los innovadores pueden ser falsificados, desde productos muy costosos para el tratamiento del cáncer hasta aquellos muy baratos destinados al alivio del dolor.1
Un desafío que exige cooperación global
En un mundo cada vez más globalizado, ningún país dispone por sí solo de los recursos y la capacidad suficiente para abordar esta amenaza de manera aislada. Por ello, “desde Pfizer promovemos una campaña que hemos denominado No Fake for Health’s Sake, bajo nuestro compromiso con la seguridad de los pacientes y la integridad de los medicamentos frente a una creciente amenaza global: la falsificación, el desvío y el comercio ilícito de productos farmacéuticos. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 10 medicamentos en países de ingresos bajos y medios es subestándar o falsificado,1 lo que pone en riesgo directo la salud de millones de personas, y genera pérdidas económicas cercanas a los 30.500 millones de dólares cada año y, lo que es más grave, pone en riesgo a millones de pacientes. Estos productos pueden carecer de principio activo, contener sustancias peligrosas o no cumplir con estándares básicos de calidad y seguridad, además de estar frecuentemente vinculados a redes de crimen organizado que debilitan los sistemas de salud y la confianza de los ciudadanos«, advierte Caroline Gabriel, directora de Global Security Investigations para Sudamérica en Pfizer.
Cada vez que se adquiere, prescribe o dispensa un medicamento, es necesario asegurarse de que proviene de fuentes legítimas y confiables. La confianza pública en los sistemas de salud se construye sobre la base de la seguridad, la transparencia y la eficacia. Los medicamentos falsificados destruyen esa confianza y, lo que es peor, destruyen vidas.
No hay que dejar de lado que, el auge del comercio electrónico también contribuye a esta tendencia preocupante. La compra de medicamentos en línea se ha facilitado enormemente, pero muchas de esas transacciones se realizan desde fuentes no autorizadas. Esto amplía el riesgo de que los pacientes adquieran productos falsificados sin saberlo.1
Ante este desafío, Pfizer se une al llamado de otros actores del sistema de salud y la industria farmacéutica global para hacer una acción decidida y coordinada entre autoridades, profesionales de la salud, pacientes, industria y sociedad civil. “La solución requiere un enfoque intersectorial: fortalecer la regulación, promover la educación de los pacientes, garantizar canales seguros de acceso y fomentar la denuncia de prácticas ilegales”, añade la directora de Global Security Investigations para Sudamérica en Pfizer. La colaboración público-privada se posiciona como un pilar esencial para avanzar en la región, alineados con las prioridades de la OMS y con una narrativa común centrada en la seguridad del paciente y la confianza. A través de iniciativas de concienciación, contenidos educativos y trabajo en conjunto multisectorial, Pfizer en alianza con otras industrias farmacéuticas busca impulsar cambios sostenibles que protejan a las comunidades y refuercen la integridad del sistema de salud en América Latina.
“Vale la pena insistir en una verdad simple pero contundente: combatir el crimen farmacéutico no se trata solo de proteger marcas, sino fundamentalmente de proteger a los pacientes”, concluye Gabriel.
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