Brasil. Los brasileños acudieron este domingo 4 de octubre a las urnas para votar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en unos comicios altamente polarizados que enfrentan al presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, y al senador Flávio Bolsonaro, de 45, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, en medio de una campaña marcada por escándalos, incertidumbre económica y acusaciones de injerencia extranjera.
Lula busca conquistar un cuarto mandato no consecutivo, algo sin precedentes en la política brasileña, mientras Flávio Bolsonaro aspira a devolver al poder el movimiento de derecha impulsado por su padre.
La elección también tiene una dimensión internacional. Una eventual victoria de Bolsonaro reforzaría la tendencia de triunfos de candidatos de derecha alineados con el presidente estadounidense Donald Trump en América Latina, mientras que una reelección de Lula podría aumentar las tensiones entre Brasil y Washington, que han mantenido diferencias en asuntos comerciales y de seguridad.
Pese a la preocupación por la situación fiscal de Brasil y el lento crecimiento económico, la campaña estuvo marcada por la polarización y dejó poco espacio para un debate profundo sobre las propuestas de gobierno. Los principales candidatos, además, se ausentaron de algunos debates televisivos.
Si ninguno de los candidatos obtiene más del 50 % de los votos válidos, los dos más votados se enfrentarán en una segunda vuelta prevista para el 25 de octubre. Las encuestas anticipan una contienda cerrada entre Lula y Bolsonaro en un eventual balotaje.
Otros aspirantes, como los exgobernadores Ronaldo Caiado y Romeu Zema, han tenido dificultades para romper la fuerte polarización entre los dos principales bloques políticos. De acuerdo con los sondeos citados, tanto Lula como Bolsonaro mantienen niveles elevados de rechazo, cercanos a la mitad del electorado.
Flávio Bolsonaro, por su lado, ha prometido impulsar una amnistía para su padre, quien cumple una condena de más de 27 años por conspirar para revertir su derrota electoral de 2022.
Lula ha planteado los comicios como una disputa entre “democracia y negacionismo” y ha advertido en varias ocasiones sobre posibles intentos de injerencia extranjera.
La situación judicial de Jair Bolsonaro se convirtió en uno de los principales puntos de conexión entre la campaña brasileña y la política estadounidense. El expresidente Donald Trump ha cuestionado el proceso contra Bolsonaro y lo ha calificado de “caza de brujas”.
En 2025, después de gestiones realizadas por Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio, Trump impuso un arancel del 50 % a productos brasileños, una medida interpretada como presión sobre el Gobierno de Lula y el Supremo Tribunal Federal para que retiraran los cargos contra el exmandatario.
Posteriormente, Washington aplicó nuevos aranceles bajo el argumento de prácticas comerciales desleales. Lula ha presentado estas medidas como parte de un intento de influir en la política brasileña y ha acusado a los Bolsonaro de estar demasiado alineados con los intereses de Estados Unidos.
Trump no ha expresado formalmente su respaldo a un candidato, aunque recibió a Jair Bolsonaro en la Casa Blanca y ha elogiado públicamente al exmandatario brasileño.
Seguridad y minerales también pesan
Flávio Bolsonaro ha planteado estrechar los vínculos de Brasil con Estados Unidos e Israel y respaldó la decisión del Gobierno de Trump de designar como organizaciones terroristas a importantes bandas criminales brasileñas, una medida rechazada por Lula.
Otro de los intereses estratégicos de Washington está relacionado con las reservas brasileñas de minerales críticos, considerados fundamentales para reducir la dependencia estadounidense de China.
En el ámbito interno, Lula llega a la elección con avances en materia de desigualdad y desempleo, pero enfrenta dificultades para convencer a sectores del electorado afectados por el aumento del costo de vida, el endeudamiento de los hogares y el avance de las organizaciones criminales.
Fuente: Externa
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