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El problema no es el mensaje,el verdadero problema es el mensajero

Por Redacción Bávaro

Por Juancito Pérez

El reciente llamado del presidente Luis Abinader a los funcionarios de su partido que aspiran a la presidencia para que renuncien a sus cargos ha generado un profundo debate, no tanto por el contenido del mensaje, sino por quién lo emite.

Abinader, desde la perspectiva política y moral, está descalificado para exigir lo que él mismo no practicó. La mayoría de los dirigentes a quienes hoy exhorta a renunciar, fueron los mismos que lo apoyaron activamente desde sus funciones públicas cuando él buscaba la reelección en 2024. En ese momento, no les solicitó renuncias, porque sus estructuras políticas y administrativas le eran útiles.

Más aún, una vez culminado el proceso electoral y proclamado vencedor, fue el propio presidente quien comunicó a los aspirantes presidenciales del PRM que no buscaría un nuevo mandato, dándoles implícitamente luz verde para desplegar sus aspiraciones. Ese mensaje fue interpretado como una habilitación directa para comenzar sus proyectos, lo cual ahora pretende revertir.

La contradicción más evidente, sin embargo, es que el mandatario pide hoy lo que él mismo no hizo: renunciar mientras era presidente y aspirante al mismo tiempo. No lo hizo en 2020 y tampoco en 2024.

Entonces, ¿con qué autoridad exige ahora una conducta distinta?

Más que un asunto interno del PRM, este episodio refleja una incoherencia política que erosiona la credibilidad del liderazgo nacional. En política, no basta con tener razón en el contenido si el mensajero ha perdido legitimidad por sus actos pasados.

Porque, al final, el problema no es el mensaje… el verdadero problema es el mensajero.

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