LOS ÁNGELES – Cuando en los Entrenamientos de Primavera firmó por una temporada más, Clayton Kershaw fue claro: quería despedirse del béisbol como miembro de los Dodgers, el único equipo con el que ha jugado en Grandes Ligas.
El retiro había rondado su mente después de un 2024 plagado de lesiones, pero el zurdo de 37 años prefirió dar la última palabra en sus propios términos. Y lo hará desde el Dodger Stadium, donde el próximo viernes enfrentará a los Gigantes de San Francisco, su mayor rival histórico.
“Jugar toda una carrera en la misma organización es algo especial, y siempre ha sido una meta para mí”, había dicho al iniciar la campaña. Hoy, esa meta está a punto de cumplirse.
Con dos Series Mundiales, tres premios Cy Young, un MVP de la Liga Nacional (2014) y el prestigioso Roberto Clemente (2012), Kershaw se retira como uno de los lanzadores más dominantes de su generación. Sus números lo respaldan: efectividad de por vida de 2.54, más de 200 victorias y 3,000 ponches, una marca que alcanzó este año y que lo coloca en un grupo de élite de apenas 20 lanzadores en toda la historia.
El zurdo, 11 veces convocado al Juego de Estrellas —incluido este 2025 como “Selección Legendaria” del Comisionado—, fue pieza clave en la rotación angelina durante una temporada de transición, logrando récord de 10-2 y 3.53 de efectividad en sus primeras 20 aperturas.
Aun en plenitud competitiva, Kershaw optó por cerrar su carrera de 18 años en las Grandes Ligas. Más allá de los números, su decisión lo coloca en una categoría poco común: la de quienes logran retirarse con la camiseta del equipo que los drafteó, los formó y los vio brillar.
Ahora, el veterano buscará dedicar más tiempo a su esposa Ellen, sus cuatro hijos y el quinto que viene en camino. Y mientras los Dodgers pelean por otro título, el béisbol se prepara para despedir a uno de sus grandes íconos modernos, con destino asegurado al Salón de la Fama.
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