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Del Caribe al Pacífico: los terremotos que sacudieron varios países en pocas semanas

Por BavaroNews

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En menos de dos meses, entre el 24 de junio y el 20 de agosto de 2026, fuertes terremotos sacudieron Venezuela, Japón, Colombia, Indonesia y Perú, mientras España registró más de 600 movimientos sísmicos en una serie concentrada en la provincia de Granada, una sucesión de eventos que ha llamado la atención por la cercanía temporal entre algunos de los terremotos, aunque los científicos no encuentran evidencia de que formen parte de una cadena sísmica mundial.

La sucesión comenzó el 24 de junio, cuando dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 se produjeron en el norte de Venezuela. Cuatro días después, el 28 de junio, un movimiento de magnitud 6,1 sacudió el noreste de Japón.

El 28 de julio, Japón volvió a registrar un terremoto, esta vez en la prefectura de Kumamoto, en el sur del país. La Agencia Meteorológica de Japón calculó el evento en magnitud 7,1, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo estableció en 6,8.

Posteriormente, el 10 de agosto, Colombia registró un terremoto de magnitud 7,4; cinco días después, el 15 de agosto, Indonesia fue golpeada por un movimiento de 7,7 y, el 20 de agosto, Perú reportó otro de 7,2 en la región de Ayacucho.

Durante ese mismo periodo, España contabilizó cientos de sismos, aunque en su mayoría fueron de magnitudes bajas y solo detectables mediante instrumentos especializados.

¿Son demasiados terremotos en tan poco tiempo?

Según datos obtenidos por el portal Expresó, la concentración resulta llamativa, pero por sí sola todavía puede encontrarse dentro de las variaciones naturales de la actividad sísmica mundial.

El Centro Nacional de Información sobre Terremotos del USGS localiza alrededor de 20.000 sismos cada año en todo el mundo, lo que equivale a un promedio de aproximadamente 55 movimientos diarios.

A esto se suma que las redes modernas de monitoreo, las comunicaciones inmediatas y las alertas en teléfonos móviles permiten que la población conozca estos acontecimientos prácticamente en tiempo real, algo que hace décadas no ocurría con la misma rapidez.

De acuerdo con los registros históricos disponibles desde aproximadamente 1900, cada año se esperan en promedio unos 16 terremotos importantes: alrededor de 15 de magnitud siete y uno de magnitud ocho o superior.

Sin embargo, ese número no se mantiene constante. La actividad sísmica presenta variaciones importantes de un año a otro y puede haber periodos con más terremotos fuertes que otros sin que eso implique necesariamente un cambio permanente en el comportamiento del planeta.

Durante las últimas cuatro o cinco décadas, ese promedio anual fue superado aproximadamente en una docena de ocasiones. El máximo se alcanzó en 2010, cuando se registraron 23 terremotos de magnitud siete o superior.

En contraste, en 1989 se contabilizaron seis y en 1988, siete.

Por eso, una acumulación temporal de grandes terremotos no significa por sí sola que la actividad sísmica mundial esté aumentando ni que exista evidencia de que se aproxima un terremoto todavía mayor.

Venezuela: dos terremotos separados por apenas 39 segundosUno de los casos que sí tuvo una conexión directa ocurrió en Venezuela.

El 24 de junio, un terremoto de magnitud 7,2 se produjo en el norte del país. Apenas 39 segundos después, ocurrió otro de magnitud 7,5.

En este caso, ambos movimientos formaron parte de una misma secuencia sísmica. El USGS identificó al primero como un precursor y al segundo, de mayor magnitud, como el evento principal.

Los terremotos se originaron cerca del contacto entre las placas del Caribe y Sudamericana, por lo que existe una relación tectónica directa entre ambos movimientos.

La institución estadounidense también realizó evaluaciones sobre los deslizamientos provocados por la secuencia, especialmente en carreteras y zonas que podían quedar aisladas como consecuencia de los movimientos de tierra.

Japón tembló dos veces en un mes

Japón también registró dos terremotos importantes en un intervalo de aproximadamente un mes, aunque no existe evidencia de que ambos estuvieran relacionados con los terremotos ocurridos posteriormente en otros países.

El 28 de junio, un sismo de magnitud 6,1 se produjo frente a la costa de la prefectura de Iwate, en el noreste de Japón. El movimiento tuvo una profundidad aproximada de 40 kilómetros y también fue sentido en Aomori.

Las autoridades no emitieron una alerta de tsunami ni reportaron inicialmente víctimas o daños de consideración.

Un mes después, el 28 de julio, otro terremoto golpeó la prefectura de Kumamoto, en el sur del país. La Agencia Meteorológica de Japón calculó una magnitud de 7,1, mientras que el USGS la estableció en 6,8.

Este segundo movimiento fue superficial, con una profundidad aproximada de 10 kilómetros, y provocó daños en edificios, vías, servicios básicos y sistemas de transporte.

Japón se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona caracterizada por la interacción de varias placas tectónicas y una elevada actividad sísmica. Esa condición explica la frecuencia de los terremotos en el país, pero no demuestra que los movimientos registrados allí estén vinculados con los ocurridos posteriormente en Colombia, Indonesia o Perú.

Colombia: un terremoto de magnitud 7,4 y gran profundidadEl 10 de agosto, Colombia registró un terremoto de magnitud 7,4, cuyo epicentro se ubicó en San José del Palmar, en el departamento de Chocó.

El movimiento se originó a una profundidad de aproximadamente 103 kilómetros y fue sentido en amplias zonas de Colombia, además de sectores de Panamá y Venezuela.

La profundidad del terremoto permitió que las ondas sísmicas se propagaran sobre una zona extensa.

Cinco días después del evento principal ya se habían contabilizado al menos 284 réplicas.

El Servicio Geológico Colombiano explicó que estas réplicas corresponden al reajuste de las rocas después del terremoto principal y que su frecuencia suele disminuir progresivamente con el paso del tiempo.

La existencia de numerosas réplicas, por tanto, forma parte del comportamiento esperado después de un terremoto de gran magnitud y no constituye por sí misma una señal de que otros países estén entrando en una fase de mayor actividad sísmica.

Indonesia: un terremoto superficial y destructivoEl 15 de agosto, un terremoto de magnitud 7,7 golpeó la zona de Flores, en el este de Indonesia.

A diferencia del movimiento registrado en Colombia, el terremoto de Indonesia tuvo un foco superficial, situado aproximadamente entre 10 y 15 kilómetros de profundidad.

La cercanía del foco a la superficie produjo una sacudida más intensa en las zonas próximas al epicentro y contribuyó a que el movimiento provocara muertes, daños en viviendas, deslizamientos y bloqueos de carreteras.

El terremoto también activó una alerta de tsunami, que posteriormente fue cancelada.

Indonesia forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico y se encuentra expuesta a una elevada actividad sísmica debido a la convergencia y subducción de diferentes placas tectónicas.

Su elevada frecuencia de terremotos responde, por tanto, a las características geológicas de la región y no necesariamente a una conexión con los movimientos registrados en otros continentes.

España: más de 600 movimientos, pero de menor magnitudEl caso de España presenta características diferentes.

El Instituto Geográfico Nacional registró una serie sísmica en los alrededores de Alhendín, Gójar y La Zubia, al sur de Granada.

Desde el 14 de agosto, se contabilizaron 621 eventos, aunque la mayoría tuvo una magnitud inferior a 2 y solo pudo ser detectada mediante instrumentos de medición.

Los dos movimientos más fuertes alcanzaron una magnitud de 4,8, registrados los días 14 y 18 de agosto, y fueron sentidos en más de 500 localidades.

La elevada cantidad de movimientos puede llamar la atención cuando se observa únicamente el número de eventos. Sin embargo, no significa que España haya experimentado cientos de terremotos destructivos.

Se trata de una serie sísmica local, compuesta principalmente por movimientos pequeños, cuyo comportamiento debe analizarse de acuerdo con las características de las fallas y de la actividad tectónica de esa zona.

Perú: un terremoto de 7,2 provoca deslizamientosEl movimiento más reciente de esta sucesión ocurrió a las 13:00 del 20 de agosto en la región peruana de Ayacucho.

El Instituto Geofísico del Perú reportó una magnitud de 7,2, una profundidad de aproximadamente 108 kilómetros y un epicentro ubicado 35 kilómetros al norte de Coracora.

Los primeros informes señalaron deslizamientos y movimientos de tierra en sectores rurales. Las autoridades iniciaron recorridos para verificar posibles afectaciones en viviendas y otras infraestructuras, mientras que inicialmente no se reportaban víctimas ni daños críticos de gran magnitud.

La actividad sísmica de Perú está vinculada principalmente con la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana.

Esta interacción provoca la acumulación de esfuerzos en la corteza terrestre que posteriormente son liberados mediante terremotos de diferentes magnitudes y profundidades.

¿Los terremotos de estos países están relacionados?

Que varios terremotos de gran magnitud ocurran con pocos días de diferencia no significa que uno haya provocado al otro.

En los casos registrados entre junio y agosto, los movimientos ocurrieron en regiones tectónicas diferentes y respondieron a condiciones geológicas particulares.

Venezuela está influida por el contacto entre las placas del Caribe y Sudamericana.

Colombia presenta diversas fuentes sísmicas asociadas con la interacción de las placas Nazca, Caribe y Sudamericana.

Perú se encuentra sobre la zona de subducción de la placa Nazca bajo Sudamérica.

Indonesia está situada en una de las regiones de mayor actividad tectónica del planeta, en el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde convergen varias placas.

España, por su lado, presenta una actividad sísmica asociada con las fallas y estructuras tectónicas del sur de la península ibérica.

Un gran terremoto puede generar cambios dinámicos de tensión que provoquen movimientos en zonas distantes mediante el paso de sus ondas sísmicas. Sin embargo, este fenómeno suele desencadenar pequeños sismos en lugares que ya se encontraban sometidos a determinadas condiciones de tensión.

Por ello, la coincidencia temporal entre terremotos ocurridos en distintos países no es suficiente para establecer una relación causal.

Para determinar si existe algún vínculo deben analizarse elementos como las fallas involucradas, la profundidad de los eventos, la distancia entre ellos, los mecanismos de ruptura y los cambios en las condiciones de tensión de la corteza terrestre.

La coincidencia de fechas, por sí sola, no constituye una prueba de conexión.

¿Esta secuencia anuncia otro gran terremoto?

La respuesta científica, por ahora, es que no existe una forma de saberlo con certeza. Ninguna institución científica puede predecir actualmente la fecha, el lugar y la magnitud exacta de un terremoto antes de que ocurra.

El USGS calcula que, a escala mundial, existe aproximadamente un 5 % de probabilidad de que un terremoto sea seguido por otro de mayor magnitud en la misma zona durante la semana posterior.

Esto significa que un terremoto puede ser seguido por otro más fuerte, pero también que, en la gran mayoría de los casos, eso no ocurre. Además, solo después de que se produce un movimiento de mayor magnitud puede determinarse que el terremoto anterior era un precursor.

Por esa razón, la sucesión de terremotos registrados en Venezuela, Japón, Colombia, Indonesia y Perú durante las últimas semanas, así como la serie sísmica de Granada, no permite afirmar que el planeta esté entrando en una etapa de mayor actividad sísmica ni que esté próximo un terremoto de grandes dimensiones.

La actividad sísmica continúa siendo un fenómeno natural, irregular y difícil de predecir. Lo que ha cambiado significativamente es la capacidad de las redes de monitoreo para detectar los movimientos, medirlos con mayor precisión y comunicar sus efectos a la población en cuestión de segundos o minutos.

En otras palabras, que varios terremotos importantes hayan ocurrido en un periodo relativamente corto puede resultar llamativo, pero los registros históricos muestran que este tipo de agrupaciones temporales forma parte de la variabilidad normal de la actividad sísmica mundial.

Fuente: Expreso

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