Texas. Más de 100 personas fallecieron en las recientes inundaciones que azotaron el estado de Texas, incluida una tragedia ocurrida en el campamento de verano Mystic, donde murieron 27 personas, según informó la Guardia Civil local.
Según datos obtenidos por la Agencia AFP, las causas del desastre van más allá del fenómeno climático, revelando una combinación de condiciones geográficas, deficiencias estructurales y políticas públicas inadecuadas, según diversos expertos.
La región conocida como Hill Country, en el centro de Texas, está ubicada en el denominado «callejón de las inundaciones repentinas», un área donde la topografía favorece la acumulación y escorrentía rápida del agua. “El agua sube muy rápido, en minutos u horas”, explicó Hatim Sharif, hidrólogo de la Universidad de Texas en San Antonio, en declaraciones a AFP.
El escarpe de Balcones —una cadena de colinas— canaliza el agua del golfo hacia arroyos que desbordan con facilidad.
De acuerdo a datos del Servicio Meteorológico Nacional (NWS), hacia las 4:30 a.m. del 4 de julio, el río Guadalupe subió más de 6 metros en una hora y media, tras intensas lluvias. Para entonces, muchos campistas estaban dormidos, sin teléfonos ni sistemas de alerta funcionales. Algunos testimonios indican que la oscuridad y la falta de cobertura telefónica dificultaron la evacuación.
Sharif advierte que los campamentos en zonas propensas deben reevaluarse como “seguros o permanentes” y aboga por el uso de modelos que conviertan la lluvia en proyecciones hidrológicas. A esto se suma el impacto del cambio climático.
Un estudio reciente de ClimaMeter, citado por la climatóloga Mireia Ginesta (Universidad de Oxford), concluye que el exceso de lluvia no se explica solo por variabilidad natural, sino por una atmósfera más cálida que retiene mayor humedad.
En el condado de Kerr, el más afectado, no existe un sistema oficial de alerta, a pesar de que desde 2016 se discutían alternativas como sirenas y alertas digitales. En ese entonces, funcionarios rechazaron un estudio de viabilidad, alegando que las sirenas eran innecesarias.
Tras la tragedia, familias afectadas han exigido medidas. “Cinco minutos de una sirena habrían salvado vidas”, declaró Nicole Wilson, madre de San Antonio, a AFP, mientras promueve una petición dirigida al gobernador Greg Abbott para implementar un sistema de alerta moderno.
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