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Calle Domingo Maíz: un campo de batalla vehicular

Por Scarla Mieses

Verón-Punta Cana. La calle Domingo Maíz fue concebida como un desahogo para el creciente flujo vehicular de esta zona turística, en ausencia de vías alternas suficientes.

Sin embargo, la obra solo se limitó a poner asfalto, sin un plan de regulación ni un sistema de control que ordenara la circulación de vehículos, especialmente los pesados, que la ocupan día y noche, a todas horas y corriendo a velocidades peligrosamente temerarias.

Camiones volteos, trompos mezcladores de cemento, patanas y otros cargados de mercancías diversas transitan sin cesar por esta vía.

Su andar rápido y desordenado intimida a los vehículos más pequeños, como carros y yipetas, que deben abrirse paso con cautela entre gigantes que parecen no conocer límites ni decencia al conducir.
El punto más crítico está al final de la calle, en dirección al semáforo del Bulevar Turístico.

Allí, las señales de tránsito son letra muerta: todos quieren cruzar al mismo tiempo, grandes y pequeños, en un escenario que genera miedo a cualquier conductor o peatón que lo observe.


Como es habitual, la presencia de agentes de la Dirección General de Seguridad y Tránsito Terrestre (Digesett) brilla por su ausencia.

En ese mismo tramo se registra un flujo constante de camiones cargados de materiales, provenientes de las minas de agregados ubicadas en los terrenos cercanos.

Al salir, muchos aceleran de inmediato; algunos se dirigen en dirección hacia Friusa, mientras que otros cambian de carril bruscamente, sin encender las luces direccionales, para incorporarse al Bulevar Turístico con rumbo a la rotonda de Punta Cana.

La Domingo Maíz, que nació como promesa de alivio vial, hoy es un caos en el que la velocidad, el irrespeto a las normas y la falta de vigilancia convierten la vía en un riesgo permanente para todos.

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