PUNTA CANA. El reloj marca las 5:00 de la madrugada. Afuera todavía comienza a clarear y, mientras muchos aún duermen, corredores de Higüey, Miches y otras zonas cercanas ya se preparan para enfrentar un reto de cinco kilómetros.
Un café ayuda a despertar y a poner el cuerpo en condiciones. A las 6:30 de la mañana, todos se concentran en el mismo punto de partida. No importa si alguien llega con experiencia, si corre por primera vez o si apenas puede mantener el paso: durante unos minutos, todos comparten la misma línea de salida y el mismo objetivo, llegar a la meta.
La señal marca el inicio. Algunos salen a toda velocidad; otros encuentran un ritmo más pausado y también están quienes prefieren caminar algunos tramos. La carrera comienza a tomar forma mientras los participantes avanzan, se cruzan, se conocen y, en muchos casos, empiezan a darse ánimo unos a otros.
Con el paso de los kilómetros, el escenario cambia. El sol comienza a subir y el calor se convierte en un acompañante permanente. El sudor cae por el rostro y el cuerpo empieza a sentir el esfuerzo. Las piernas pesan, la respiración se hace más intensa y aparece esa pregunta que muchos corredores conocen: ¿hasta dónde puedo llegar?
Es ahí cuando el apoyo de quienes corren alrededor adquiere otro significado. Un «vamos», un «tú puedes» o simplemente mantener el paso junto a otra persona puede ser suficiente para evitar que alguien se detenga.
Porque una carrera de cinco kilómetros no siempre se gana con velocidad. Muchas veces se trata de resistencia, disciplina y, sobre todo, de superar el momento en que la mente empieza a decir que ya no puedes.




Tras varias vueltas y constantes palabras de aliento, llega el último tramo. El cansancio está presente, pero también la certeza de que falta poco. Cada paso acerca a la meta hasta que finalmente se cruza la línea de llegada.
Entonces llega la recompensa: no necesariamente un premio, sino la satisfacción de haber terminado aquello que, minutos antes, parecía cada vez más difícil.
La experiencia deja una enseñanza sencilla: muchas veces el límite está en la mente. Y, en ocasiones, basta con que alguien que corre a tu lado te dé ese último empujón para demostrarte que sí puedes llegar.
![]()
![]()


