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Mujeres de Verón transforman desechos en arte y sustento básico de sus familias

Por Patty de la Cruz

#Artesanas Nuestra Señora de Punta Cana #Artesanía #Fundas plásticas #Punta Cana #Verón

VERÓN. La artesana Patricia Benítez, de 38 años y presidenta del Taller Nuestra Señora de Punta Cana, lidera desde el año 2014 una iniciativa comunitaria junto a otras mujeres organizadas, mediante la cual recolectan, reciclan y transforman fundas plásticas en diversas piezas artesanales, consolidando este trabajo como una fuente de ingresos sostenida y una alternativa productiva dentro de su entorno.

Este grupo, integrado por 20 mujeres cuyas edades oscilan entre los nueve y 70 años, se dedican a recolectar fundas plásticas usadas que obtienen a través de distintos suplidores y puntos de acopio, para luego convertirlas en productos como carteras, llaveros, bolsos grandes, monederos, carteras de noche y de día, servilleteros y souvenirs.

A través de este proceso, no solo desarrollan habilidades manuales, sino que también aportan a la reducción de residuos sólidos en su comunidad.

Para finales del año pasado, la participación femenina en el mercado laboral dominicano continuaba rezagada frente a la masculina. Por cada 100 hombres ocupados, menos de 65 mujeres tienen empleo, a pesar de que representan el 52.4 % de la población en edad de trabajar.

Elizabeth Constanzo, Dominga Familia, Patricia Benítez y Misha Bautista.

Así lo establece el Panorama Estadístico “Brecha de género en la tasa de ocupación en la República Dominicana”, elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y publicado en septiembre de 2025, que además señala que la brecha relativa en la tasa de ocupación femenina pasó de 63.4 % en 2019 a 64.9 % en 2024.

En ese contexto, Patricia Benítez y las demás integrantes del taller forman parte activa de ese porcentaje de ocupación femenina, encontrando en la artesanía y el reciclaje una oportunidad para generar ingresos. Según explica, la dinámica de trabajo les permite avanzar en la elaboración de piezas en distintos momentos del día, incluso mientras realizan otras actividades, lo que facilita la continuidad de la producción.

El conocimiento también se transmite entre generaciones. Es el caso de Misha Bautista, hija de Patricia, de 14 años, quien desde pequeña observaba a su madre tejer carteras, lo que despertó su interés por aprender. Aunque al principio no dominaba la técnica, con la orientación de su madre logró perfeccionarse.

Hasta la fecha, Misha afirma que ha vendido alrededor de 80 carteras, combinando su tiempo entre la escuela y la artesanía, con la intención de seguir estudiando mientras genera ingresos.

Una historia similar se refleja en Elizabeth Constanzo, de 42 años, residente en el sector Samaritano II de Verón, quien inició en este oficio en el año 2019. Actualmente, su hija de nueve años también forma parte de las artesanas. “Mi hija es una integrante más del grupo”, expresó Constanzo, quien explicó que la elaboración de una cartera puede tomar entre dos y tres días, dependiendo del tamaño y del tiempo que pueda dedicarle.

PROCESO Y ELABORACIÓN

Durante el proceso de tejido, las artesanas utilizan vaselina para suavizar las fundas plásticas, facilitando su manejo y permitiendo un mejor acabado en las piezas. Este tipo de técnicas se ha aprendido y perfeccionado con el tiempo dentro del taller.

Las fundas plásticas, que representan un problema ambiental por su lenta degradación y su impacto en los ecosistemas y la salud, encuentran en este tipo de iniciativas una forma de reutilización. A través de la elaboración de manualidades y artesanías, estas mujeres transforman un residuo contaminante en productos útiles y decorativos, contribuyendo a la reducción de la contaminación y promoviendo la conciencia ambiental en sus comunidades.

Este emprendimiento se enmarca en el sector de las Mipymes (Micro, pequeñas y medianas empresas), considerado el principal motor de negocios en República Dominicana. Estas representan más del 98 % de las empresas, generan alrededor del 61 % de empleos y aportan más del 30 % del valor agregado nacional, según datos de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), el Banco Central y el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes.

En ese sentido, estas mujeres operan de forma organizada, gestionando sus finanzas, reinvirtiendo en materiales y distribuyendo las ganancias entre sus integrantes.

INGRESOS

Dominga Familia, de 47 años, forma parte del taller desde sus inicios en 2014. “Me desempeño como artesana, elaboro carteras y llevo la parte administrativa. Cuando inicié, lo hacía para uso personal; nunca pensé que llegaría a venderlas ni que duraría tanto tiempo en esto”, comentó Familia.

Indicó que el costo de las piezas varía según el tamaño y el modelo. Por ejemplo, un sobre de mano puede elaborarse en aproximadamente dos horas utilizando unas 32 fundas plásticas, y venderse en alrededor de 800 pesos, dependiendo de los detalles añadidos.

Cada cartera lleva el nombre de su creadora. Aunque todas comienzan desde el mismo punto: tejiendo. A una sola voz dicen que, aunque inician con una idea clara de lo que desean hacer, muchas veces terminan creando algo completamente distinto.

Sus trabajos, aunque parten de una base similar, no se parecen entre sí al momento de la creación. Y es que, aun cuando intentan reproducir un mismo modelo en conjunto, el resultado final nunca es idéntico. Según relatan entre anécdotas, han intentado hacer exactamente lo mismo, pero no lo logran, cada pieza adquiere un sello único.

Muchas veces, estas mujeres observan carteras en las calles y, al llegar a sus hogares, intentan recrearlas utilizando fundas plásticas. Es entonces cuando su imaginación toma el control, y comienzan a trazar, cruzar y dar forma con sus agujetas, transformando simples materiales en creaciones originales.

INICIOS

El proyecto tiene su origen en el año 2014, cuando la esposa de un ejecutivo vinculado al Grupo Puntacana compartió sus conocimientos con un grupo de mujeres de la comunidad de Verón, con el objetivo de enseñarles a crear artesanías a partir de materiales reciclados y convertirlo en un emprendimiento.

Desde entonces, han recibido capacitaciones en habilidades técnicas, desarrollo personal, ventas y manejo financiero, lo que les ha permitido consolidarse como una asociación formal en la que todo lo producido y vendido pertenece a sus integrantes.

Estas artesanías también aportan al turismo local de Verón–Punta Cana, ya que algunas de sus piezas son exhibidas en el Aeropuerto Internacional de Punta Cana, donde turistas las observan y adquieren como recuerdos.

La creatividad forma parte esencial del proceso: las artesanas suelen inspirarse en elementos cotidianos y asignan nombres a sus creaciones, muchas veces tomando como referencia a quien las elabora. Entre los modelos disponibles se encuentran bolsos de playa, sobres de mano, carteras tipo flor y diseños personalizados que surgen de manera espontánea durante el tejido.

Incluso, durante la pandemia, uno de sus modelos se volvió altamente demandado, logrando vender más de 200 unidades de una misma pieza. Para mantener la producción, reciben fundas plásticas desde distintas localidades, incluyendo envíos desde Puerto Plata, lo que garantiza la materia prima necesaria para continuar con su labor.

A lo largo de los años, estas mujeres no solo han perfeccionado el arte de tejer fundas plásticas, sino que también han fortalecido sus capacidades organizativas y administrativas, evidenciando una evolución que trasciende la artesanía y se convierte en un ejemplo de emprendimiento sostenible, inclusión económica y compromiso ambiental en la región.

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Autor

  • Periodista egresada en Comunicación Social mención Periodismo, en la Universidad Organización y Métodos (O&M). Escribe para los periódicos Bávaro News y El Tiempo RD impreso. Realizó un Diplomado en Relaciones Internacionales y Comunicación Política. También hizo un curso de Locución Profesional, avalado por INFOTEP.
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