Durante la noche en que Jesús fue arrestado, después de la Última Cena, Él le advirtió a Pedro: «Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces”.
Como competencia entre adolescentes del barrio por ver quién conquista a la chica nueva que se mudó al sector, así era la competencia de los aspirantes presidenciales del partido revolucionario moderno (PRM) por el “amor” de Santiago Hazim, quien, en su condición de vicepresidente nacional del PRM y coordinador nacional del poderoso sector externo de Luis Abinader, tiene una gigantesca estructura de dirigentes políticos en los 48 mil kilómetros cuadrados de la Isla y presencia en todas las seccionales del PRM en el exterior, que lo hacía apetecible hasta hace unos días por absolutamente todos los presidenciables del partido oficialista.
Se dieron muchas reuniones en diferentes lugares y con presidenciables de ambos sexos. Sin embargo, al destaparse —por la presión social, mediática y de la oposición— el escandaloso de corrupción más asqueroso, inhumano y diabólico en la historia republicana de nuestro país, que es el caso SENASA, a los presidenciables del PRM les salió el Pedro que llevaban dentro y, al igual que aquel que negó a Jesús, ellos han negado a Santiago.
Lo que hasta ayer era cercanía, sonrisas, abrazos y fotografías, hoy es silencio, distancia y desmarque público. El mismo Santiago que era cortejado, escuchado y celebrado pasó de ser un activo político de alto valor estratégico a ser una carga incómoda. El gallo no había terminado de cantar cuando ya las negaciones se multiplicaban.
En política, como en la Biblia, la lealtad suele ser frágil cuando el miedo toca la puerta. Pocos están dispuestos a cargar la cruz cuando el costo es alto y el juicio público es implacable. La fe se pone a prueba no en los aplausos, sino en la adversidad.
De Pedro a Santiago, la historia se repite: cuando arrecian los vientos, muchos prefieren salvar su pellejo antes que sostener la palabra empeñada. Y así, una vez más, la política dominicana nos recuerda que abundan los Pedro cuando todo es bonanza, pero escasean los que permanecen firmes cuando llega la hora del juicio.
Porque aquí, como entonces, las negaciones no siempre esperan el canto del gallo: llegan justo cuando la conveniencia cambia de bando.
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