La Feria Internacional de (Fitur) en su versión 2025, que recién concluyó el pasado sábado, en Madrid, España, es un espacio donde no solo se hace negocios con proyecciones de importantes inversiones en la industria turística mundial, sino que sirve de escenario para estrechar relaciones en otros ámbitos. Y digo esto, porque hasta de una conversación casual entre participantes surgen vínculos de negocios diversos o de buena amistad.
Hay quienes piensan que este evento sirve a muchos asistentes para hacer turismo en la bella ciudad de Madrid, y lo dicen a modo de crítica. Pero, ¿acaso es eso pecaminoso? Pienso que no, porque también es parte de los beneficios de este evento, porque quienes asisten también conocen y gasten dinero en Madrid y eso es provechoso para esta ciudad.
Es más que obvio que en un espacio físico donde apenas se puede caminar, por la inmensa cantidad de personas que caminan sin parar de un lado a otro, se pueda concretizar un negocio de forma definitiva. Pero es un primer paso para las discusiones necesarias. Además, la idea es mostrar los encantos de los países participantes, que la gente pueda ver y preguntar, y que los representantes del sector turístico de cada nación tengan la oportunidad de explicar con lujos de detalles.
Cada quien viaja a esta feria con objetivos predeterminados. Creo que debemos apoyar esta iniciativa, aunque siempre se escucharán voces disidentes, lo cual es válido y aceptable. Yo me quedo con lo positivo de Fitur, que indudablemente sí lo tiene. El mundo es una aldea global y esta feria sirve para unir voluntades en pro de seguir impulsando el turismo a escala mundial. Permanecer ausente u optar por el anonimato, no es una decisión inteligente para ningún Estado.
![]()
![]()


