El trastorno del crecimiento infantil engloba una serie de condiciones que afectan el desarrollo físico de los niños, manifestándose en estatura, peso o madurez sexual por debajo de los estándares esperados para su edad y sexo.
Estas alteraciones pueden ser consecuencia de factores genéticos, hormonales, nutricionales o ambientales.
A nivel mundial, se estima que aproximadamente el 26% de los niños menores de 5 años presentan retraso en el crecimiento, lo que equivale a unos 165 millones de niños afectados.
Esta condición se caracteriza por una estatura inferior en más de dos desviaciones estándar respecto a la mediana de los patrones de crecimiento infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Aunque la prevalencia ha disminuido desde 1990, el retraso del crecimiento sigue siendo uno de los obstáculos más significativos para el desarrollo humano. En América Latina, la situación es preocupante.
En 2020, la prevalencia del retraso del crecimiento en niños menores de cinco años en la región fue del 11,3%, más de 10 puntos porcentuales por debajo del promedio mundial.
Las causas del trastorno del crecimiento son variadas. Pueden incluir una deficiencia en la producción de la hormona del crecimiento, problemas en la glándula pituitaria, desnutrición, infecciones recurrentes, deficiencias vitamínicas o minerales, y factores genéticos.
Es importante destacar que hasta el 80% de los casos de retraso del crecimiento no presentan un trastorno orgánico evidente, sino que están relacionados con problemas del entorno, como falta de alimentos o estimulación adecuada.
El diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado son fundamentales para mitigar las consecuencias del trastorno del crecimiento.
El acceso oportuno a atención médica y una nutrición adecuada son esenciales para garantizar un desarrollo saludable en los niños afectados.
Fuente: Externa
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