Una simple muela infectada podría parecer un problema menor, pero estudios recientes y experiencias médicas demuestran que una infección dental no tratada puede desencadenar complicaciones graves, incluso la muerte.
Según la Asociación Dental Americana (ADA), las infecciones en las muelas, especialmente las llamadas abscesos dentales, pueden propagarse más allá de la boca hacia zonas vitales como el cuello, el corazón o incluso el cerebro.
Esta propagación ocurre cuando las bacterias ingresan al torrente sanguíneo, lo que puede causar una condición potencialmente mortal llamada septicemia o sepsis. «Una infección dental severa puede convertirse rápidamente en una emergencia médica», advierte el Dr. Tae-Joon Cho, cirujano oral de la Universidad de Harvard, citado en Harvard Health Publishing.
Un estudio publicado por el Journal of Endodontics en 2013 reveló que más de 60,000 personas fueron hospitalizadas en Estados Unidos en un periodo de ocho años por infecciones de origen dental, y al menos 66 murieron a causa de estas complicaciones. “La mayoría de esas muertes pudieron haberse evitado con una atención dental oportuna”, señala el informe.
El caso del joven californiano Kyle Willis, quien murió en 2011 luego de negarse a extraer una muela por falta de seguro médico, es uno de los más recordados. La infección se extendió a su cerebro, lo que generó un desenlace fatal.
Expertos insisten en que el dolor persistente, la hinchazón en la cara, la fiebre y la dificultad para tragar o respirar son señales de alarma que requieren atención inmediata. «No es solo un dolor de muela, es una posible puerta de entrada a infecciones sistémicas graves», recalca el Dr. Carlos Ruiz, presidente del Colegio Dominicano de Odontólogos.
El llamado de los profesionales de la salud es claro: acudir al dentista ante cualquier signo de caries, inflamación o dolor intenso no es una opción, es una necesidad. La prevención sigue siendo la mejor defensa ante un enemigo silencioso que, si se subestima, puede ser mortal.
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