PUNTA CANA. Ayer, 13 de mayo, se cumplieron 44 años del atentado contra el papa Juan Pablo II, ocurrido en plena Plaza de San Pedro en el Vaticano, un hecho que marcó la historia reciente de la Iglesia católica y del siglo XX.
El 13 de mayo de 1981, mientras saludaba a los fieles desde un vehículo abierto durante su audiencia semanal, el papa fue herido gravemente por disparos de arma de fuego.
El atacante, Mehmet Ali Ağca, un ciudadano turco de 23 años y miembro del grupo ultranacionalista Lobos Grises, le disparó con una pistola Browning 9 mm a corta distancia, hiriéndolo en el abdomen, la mano derecha y el brazo izquierdo.
El pontífice fue trasladado de inmediato al Hospital Gemelli de Roma, donde fue sometido a una larga intervención quirúrgica que logró salvarle la vida. La noticia del atentado generó una ola de conmoción internacional, y millones de fieles se unieron en oración por su recuperación.
PERDONADO
Ağca fue capturado en el lugar del hecho y posteriormente condenado a cadena perpetua en Italia, cumpliendo 19 años de prisión en la cárcel de Rebibbia, en Roma. En el año 2000 fue indultado a pedido del propio Juan Pablo II, quien años antes ya lo había visitado en prisión y lo perdonó personalmente.


Tras su liberación, Ağca fue extraditado a Turquía, donde cumplió otra condena por crímenes cometidos antes del atentado. Finalmente fue liberado en 2010. Hasta el día de hoy, continúa con vida.
El atentado ha estado rodeado de múltiples versiones y teorías sobre sus motivaciones. La más difundida durante años fue la llamada “pista búlgara”, que sostenía que el ataque habría sido organizado por los servicios secretos de Bulgaria y la KGB soviética, en represalia por el apoyo del papa al movimiento anticomunista Solidaridad en su natal Polonia.
Sin embargo, esta hipótesis nunca fue comprobada y varios analistas la consideran parte de la narrativa geopolítica de la Guerra Fría.
Otras versiones sugieren que Ağca actuó solo, influido por ideas religiosas apocalípticas y conspirativas. Sus declaraciones a lo largo de los años han sido inestables y contradictorias, lo que ha dificultado establecer una verdad definitiva sobre lo ocurrido.
Para muchos creyentes, el atentado del 13 de mayo tiene una connotación mística: ocurrió en el aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima, en 1917. El propio Juan Pablo II atribuyó su supervivencia a la intervención de la Virgen, diciendo: “Una mano disparó, otra mano guió la bala”.
A 44 años del atentado, este episodio sigue siendo recordado como uno de los más impactantes del papado de Juan Pablo II, no solo por su gravedad, sino también por el gesto de perdón que mostró el pontífice hacia su agresor, un ejemplo que dio la vuelta al mundo y sigue siendo símbolo de reconciliación y fe.
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