Cuando la noche alcanza su punto más profundo y todo queda en calma, ese instante de absoluto silencio se conoce como conticinio. Inspirado en ese momento de quietud, el compositor venezolano Laudelino Mejías creó en 1922 una de las piezas más hermosas de la música latinoamericana: el vals criollo Conticinio.
El término conticinio proviene del latín conticinium, que hace referencia a la hora nocturna en la que cesan todos los ruidos, y el mundo parece sumido en un sueño profundo.
Fue precisamente esa sensación de serenidad y nostalgia la que Mejías plasmó en su composición, una melodía que transporta al oyente a un estado de paz y melancolía.
Desde su estreno, Conticinio ha sido interpretado por grandes artistas como Alfredo Sadel y Juan Vicente Torrealba, convirtiéndose en un himno del vals venezolano y en una de las piezas más emotivas del repertorio latinoamericano.
Su melodía suave y envolvente evoca el susurro de la brisa nocturna y el anhelo de tiempos pasados.
Más de un siglo después, esta composición sigue siendo un referente musical y una prueba de cómo la noche y su silencio pueden inspirar verdaderas obras maestras.
En un mundo cada vez más ruidoso, Conticinio nos recuerda la belleza de la calma nocturna y el poder de la música para capturar la esencia del tiempo.
Fuente: Externa
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