Un estudio realizado por la División de Estudios Perceptuales de la Universidad de Virginia analizó a 167 personas que pasaron por experiencias cercanas a la muerte (NDE, por sus siglas en inglés) y encontró que, aunque muchas describen cambios positivos en su forma de ver la vida, el regreso a la cotidianidad no siempre es sencillo.
La investigación, publicada en la revista Psychology of Consciousness, señala que casi dos de cada tres participantes buscaron apoyo profesional o espiritual para procesar lo vivido.
Los resultados muestran que el 64 % de los encuestados recurrió a algún tipo de acompañamiento y que el 78 % consideró útil la ayuda recibida. Según los autores, encabezados por la investigadora Marieta Pehlivanova, el factor más determinante no fue el tipo de terapia, sino la validación: sentirse escuchados y comprendidos sin juicio.
El estudio destaca que aproximadamente el 15 % de los pacientes que pasan por cuidados intensivos reportan experiencias cercanas a la muerte. Aunque muchos vuelven con un sentido renovado de propósito o menor temor a la muerte, otros enfrentan emociones intensas y dificultades para reintegrarse a su entorno.
Más del 20 % de los participantes afirmó haber visto deterioradas sus relaciones personales después de la experiencia, incluyendo rupturas de pareja y distanciamiento familiar. Los investigadores definen esto como “problemas de reentrada”, una dificultad para retomar la vida cotidiana tras haber experimentado lo que describen como un estado de paz o claridad profunda.
El estudio también señala que casi la mitad de los participantes perdió signos vitales durante su evento, lo que provocó una doble recuperación: física y emocional. Algunos reportaron cambios importantes en sus valores y en su percepción del mundo.
En cuanto a los factores que facilitan la recuperación, los autores indican que la reacción de la primera persona que escucha el relato juega un papel decisivo. Una respuesta abierta y respetuosa favorece un mejor proceso posterior, mientras que la incredulidad o el rechazo tienden a aumentar el malestar y el aislamiento.
Los participantes también encontraron apoyo en comunidades especializadas y grupos en línea dedicados al tema, así como en prácticas como la meditación y la reflexión personal. En cambio, parte de los encuestados consideró menos útil la ayuda de profesionales de salud mental sin formación en experiencias espirituales o trascendentales.
La investigación sugiere que una mayor preparación en este tipo de casos podría mejorar la atención y el acompañamiento a personas que viven experiencias cercanas a la muerte.
Fuente: Externa
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