En 2009, en un hospital de Ciudad de México, Eleonor Alejandra Marín Mendoza, de 26 años, salió del centro médico con una recién nacida escondida en una bolsa de regalo, luego de haber mantenido durante meses una mentira: había fingido estar embarazada para hacer creer a su esposo, su familia y su entorno que finalmente sería madre.
El caso, que terminó con una condena de 13 años de prisión por secuestro, ahora vuelve a generar debate a través del documental “Un hijo propio”, disponible en Netflix.
La historia tiene todos los ingredientes de un drama, pero con una diferencia importante: ocurrió de verdad y las versiones de sus protagonistas no coinciden.
Alejandra se había casado siendo adolescente y, según su propio relato, sufrió tres pérdidas de embarazo. La presión por convertirse en madre fue creciendo hasta que, después de su tercer aborto espontáneo, decidió ocultarlo.
En lugar de admitir que ya no estaba embarazada, continuó con la historia.Simuló durante meses una gestación, modificó sus hábitos alimenticios para aumentar considerablemente de peso y, debido a que trabajaba en el área de obstetricia y ginecología del hospital, llegó incluso a manipular sus propios registros médicos.
Todo tenía una fecha límite: tarde o temprano, tenía que aparecer un bebé.
Y apareció… pero no como nadie esperaba
Según la versión de Alejandra, durante su trabajo en el hospital conoció a una mujer embarazada identificada como Mayra, quien supuestamente no quería quedarse con su bebé.
Alejandra sostiene que ambas llegaron a un acuerdo para que Mayra diera a luz y posteriormente le entregara a la niña.Pero Mayra cuenta una historia completamente distinta.
La madre de la bebé niega que haya existido cualquier acuerdo y asegura que conoció a Alejandra el mismo día del parto, cuando esta se habría presentado como trabajadora social.
Mayra salió momentáneamente de su habitación. Cuando regresó, su bebé ya no estaba.
Alejandra había salido del hospital con la recién nacida dentro de una bolsa de regalo.
Horas después fue localizada junto a su esposo, Arturo. La bebé fue recuperada ilesa y devuelta a sus padres. Alejandra fue condenada a 13 años de prisión por secuestro.
Arturo también fue detenido durante la investigación, pero posteriormente fue absuelto de cualquier participación en el secuestro.
El documental te cuenta una versión… y después te cambia el juego
Uno de los elementos más interesantes de “Un hijo propio” es precisamente la manera en que está construida la historia.
La primera parte presenta una recreación muy estilizada de los acontecimientos desde la perspectiva de Alejandra. Tonos pastel, escenarios cuidadosamente iluminados, una protagonista vestida de rosa y una narración que parece sacada de un cuento de hadas.Y no es casualidad.
La directora, la documentalista chilena Maite Alberdi, explica que esa estética representa el mundo idealizado que Alejandra había construido alrededor del matrimonio y la maternidad.
Incluso aparece recreado su baby shower, con familiares y amigos celebrando un embarazo que nunca existió. Alejandra reconoce que aquella experiencia le provocaba sentimientos contradictorios: por un lado se sentía especial; por otro, deseaba que alguien descubriera aquella mentira.
Pero cuando ya estás instalado en su versión de la historia, el documental cambia de perspectiva.
Aparecen documentos, imágenes de archivo, testimonios y, sobre todo, Mayra. Y ahí comienza otro relato. “Ella no sintió compasión cuando me robó a mi bebé”
Mayra sostiene que nunca quiso entregar a su hija y rechaza completamente la existencia del supuesto acuerdo. Su posición es directa: para ella, lo ocurrido no fue una confusión ni el resultado de un trato entre dos mujeres.Fue el robo de su bebé.
“Ella no sintió compasión cuando me robó a mi bebé”, sostiene Mayra en el documental. Y es precisamente esa contradicción la que hace que la historia sea mucho más compleja que el simple relato de una mujer desesperada por convertirse en madre.
Porque una cosa es intentar comprender qué pudo llevar a Alejandra a construir una mentira durante meses después de varias pérdidas. Y otra muy distinta es lo que vivió la madre cuya recién nacida desapareció de una habitación de hospital.
¿Víctima de la presión o responsable de una historia imperdonable?
Ahí está precisamente el debate que ha provocado el documental. Hay quienes consideran que Alejandra es el resultado extremo de la presión social, familiar y emocional que existe alrededor de la maternidad. Otros entienden que conocer sus circunstancias puede ayudar a explicar su comportamiento, pero de ninguna manera justificar lo ocurrido.
Y luego está la pregunta que queda flotando durante buena parte de la historia: ¿Existió realmente aquel supuesto acuerdo entre Alejandra y Mayra?
Después de cumplir su condena, Alejandra recuperó su libertad y eventualmente volvió con Arturo. Pero durante el tiempo en que estuvieron separados, Arturo tuvo un hijo con otra mujer.Y sí: Alejandra terminó participando en la crianza de ese niño.
Después de fingir un embarazo, llevarse a una recién nacida de un hospital, cumplir una condena y separarse de su esposo, terminó regresando con él y ocupando un rol maternal en la vida del hijo que Arturo tuvo con otra mujer.
Fuente: Externa
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