PUNTA CANA. Cada 21 de enero, la República Dominicana rinde homenaje a Nuestra Señora de la Altagracia, advocación mariana considerada la protectora espiritual del pueblo dominicano y símbolo de identidad nacional.
La fecha, declarada día no laborable, convoca a miles de fieles que peregrinan desde distintos puntos del país y del extranjero hasta la basílica-catedral de Higüey, en la provincia La Altagracia.
La devoción a la Virgen de la Altagracia también trasciende fronteras, especialmente en comunidades de la diáspora dominicana como Nueva York, donde su festividad marca el inicio del Mes de la Herencia Dominicana.
ORIGEN
El origen de esta advocación se remonta a Extremadura, España, específicamente a los poblados de Garrovillas de Alconétar y Siruela, donde se le rinde veneración desde la Edad Media. A inicios del siglo XVI, la imagen fue traída a La Española por los hermanos Alonso y Antonio de Trejo, quienes la colocaron en la parroquia de Higüey tras atribuirle varios milagros.
A lo largo de los siglos, la Virgen de la Altagracia ha sido protagonista de momentos clave de la historia dominicana. Historiadores señalan que la festividad del 21 de enero se estableció tras la Batalla de Sabana Real de 1691, cuya victoria frente a las tropas francesas fue atribuida a su intercesión.
En el siglo XX, la imagen fue coronada canónicamente en dos ocasiones: en 1922, durante el pontificado del papa Pío XI, y en 1992 por el papa Juan Pablo II. Más recientemente, en 2022, el papa Francisco envió una Rosa de Oro en ocasión del centenario de su coronación canónica.
Desde 1924, el 21 de enero es fiesta nacional por decreto del Congreso Nacional, y en 1927 fue reconocida oficialmente como festividad de la Iglesia.
Hoy, la celebración de Nuestra Señora de la Altagracia continúa siendo una de las manifestaciones religiosas y culturales más importantes del país, reflejo de una fe que se mantiene viva desde el período colonial hasta nuestros días.
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