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México y Venezuela tenían la competencia pero el que sufría era el televidente

Por BavaroNews

#Novelas de los 80 y 90 #Novelas mexicanas #Telenovelas #Topacio

PUNTA CANA. Durante las décadas de 1980 y 1990, las telenovelas mexicanas y venezolanas ocuparon buena parte de la programación de la televisión en República Dominicana y otros países de América Latina, en una época en la que Rosa salvaje podía competir por la atención del público con Cristal, mientras Quinceañera compartía protagonismo con Topacio y María la del barrio llegaba después de que ya muchos habían quedado atrapados por historias como Kassandra.

Era una época distinta para ver televisión. No había plataformas para escoger una serie a cualquier hora, ni temporadas completas disponibles con un clic. Había que esperar el horario de la novela, y perder un capítulo podía significar quedarse fuera de una conversación que al día siguiente continuaría en la escuela, el trabajo, el barrio o dentro de la propia familia.

México y Venezuela habían convertido la telenovela en una importante industria de exportación. México, con Televisa, contaba con una maquinaria de producción y distribución de enorme alcance; Venezuela, con RCTV y Venevisión, había conseguido colocar sus historias en numerosos mercados y convertir a sus actores en figuras conocidas en distintos países.

Y mientras una producción mexicana conquistaba una audiencia, una venezolana hacía lo propio en otro horario.

Verónica Castro era uno de los grandes rostros mexicanos de la época, mientras Grecia Colmenares se convertía en una de las figuras más reconocidas de las producciones venezolanas.

Después llegarían otras protagonistas que marcarían los 80 y 90, como Jeannette Rodríguez, Mayra Alejandra y Catherine Fulop, junto a mexicanas como Victoria Ruffo, Adela Noriega y Thalía.

En la pantalla también se encontraban los galanes que acompañaron aquellas historias. Carlos Mata y Víctor Cámara representaban parte del atractivo de las producciones venezolanas, mientras Guillermo Capetillo, Arturo Peniche, Eduardo Capetillo y Fernando Colunga se convirtieron en rostros habituales de las mexicanas.La competencia no necesitaba ser declarada para sentirse.

Estaban Cristal y Rosa salvaje; Topacio y Quinceañera; La dama de rosa y Cuna de lobos; Abigail y Simplemente María. Ya en los 90, Kassandra llegaba desde Venezuela mientras México respondía con María Mercedes, y luego aparecían Marimar, María la del barrio, Esmeralda y La usurpadora.

Del lado venezolano también llegarían Por estas calles, Pura sangre, A todo corazón y El país de las mujeres, producciones que ampliaron el abanico de historias y demostraron que la telenovela podía abordar desde el melodrama tradicional hasta temas sociales y conflictos propios de la época.

Pero quizá lo más importante no estaba únicamente en la pantalla.

Las telenovelas habían conseguido convertirse en un tema cotidiano. Los personajes eran comentados, las parejas protagonistas tenían seguidores y los villanos podían provocar tanta conversación como los propios héroes de la historia.

Una escena podía convertirse en el comentario del día siguiente. Un final podía reunir a toda la familia frente al televisor. Y una actriz o un actor podían pasar de ser desconocidos a convertirse, en cuestión de meses, en rostros reconocidos en distintos países.

La televisión tenía menos opciones, pero las historias podían adquirir una presencia mucho mayor.

Hoy basta escuchar “María la del barrio”, “Cristal”, “Topacio”, “Kassandra”, “Quinceañera” o “La usurpadora” para que aparezcan recuerdos de una época en la que saber qué había ocurrido en el capítulo anterior era casi tan importante como saber qué ocurriría en el siguiente.

Después llegaron nuevas producciones, nuevos formatos y nuevas maneras de consumir televisión. La competencia entre las grandes industrias latinoamericanas también cambió.

Pero aquellas novelas dejaron algo que las plataformas difícilmente pueden reproducir de la misma manera: la experiencia de esperar juntos la hora de una historia que millones de personas estaban viendo al mismo tiempo.

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