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Imborrable

Por Oscar Quezada

#Opinión #Oscar quezada

Hay fechas que no se borran. No importa cuánto tiempo pase. Permanecen intactas en algún rincón del alma, como si el reloj hubiera decidido detenerse allí para siempre.

Para mí, una de esas fechas es el 16 de septiembre de 1990.

Mami tenía apenas 42 años. Era joven para morir y demasiado necesaria para irse. Aquel domingo gris un infarto insidioso apagó su vida, dejando un vacío que los años no han logrado llenar.

El día anterior le había cortado las uñas. Recuerdo aquel momento como ahora. Sin saber por qué, le hice una pregunta que todavía me estremece:

—Mami, y si usted se muere, ¿cómo yo me voy a hacer?

Ella guardó silencio por unos segundos y luego respondió impasible:

—Yo los voy a cuidar siempre, aunque no esté con ustedes.

Hoy entiendo que las madres poseen una manera especial de permanecer más allá de su muerte física. Viven en las enseñanzas que dejan, en los valores que siembran y en la fuerza que transmiten a sus hijos para enfrentar la vida cuando ellas ya no estén.

Mami fue llevada inconsciente al hospital y retornó en un ataúd. Sin embargo, nunca murió. Sigue con nosotros en cada acto de honestidad; en cada gesto de amor hacia los demás.

Sigue presente en la forma en que enfrentamos las dificultades y en la convicción de levantarnos después de cada caída.

Han pasado 36 años desde aquel día triste. La extrañamos como se extraña a quienes marcaron para siempre nuestra existencia.

Una madre es mucho más que un ser dador de vida. Es refugio cuando el mundo golpea, guía luminosa cuando aparecen las dudas y fuerza cuando parece que ya no queda ninguna.

Es que hay amores tan grandes que ni siquiera la muerte consigue llevarse.

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