PUNTA CANA:- Punta Cana vive una situación que ya tocó fondo en materia de seguridad vial. La paciencia de sus residentes se agotó.
La cantidad de accidentes que ocurren a diario en el Bulevar Turístico y en la avenida Barceló ha llegado a un punto intolerable, y la gente lo está diciendo alto y claro: las autoridades responsables de resolver el problema brillan por su ausencia.


Los ciudadanos denuncian que manejar por esas vías es “estar al borde de la muerte”. La imprudencia, el exceso de velocidad, la falta de distancia entre vehículos y el irrespeto total a las normas se han convertido en la norma.
Quienes transitan describen el escenario como “caótico” y “peligroso”, donde cualquiera puede resultar víctima.
En medio de esta crisis, la comunidad señala directamente al Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), una institución que, según los residentes, no está haciendo absolutamente nada para frenar la situación.
No hay controles, no hay supervisión, no hay consecuencias. Y mientras tanto, los accidentes continúan multiplicándose frente a la mirada indiferente de quienes deberían velar por la seguridad vial.
Los comentarios de los ciudadanos en las redes sociales muestran su alto grado de enojo e impotencia:
“Manejar en esa autovía es jugar con la vida.”
“Aquí la imprudencia es lo que más sucede.”
“Los conductores son un peligro y nadie hace nada.”
“Las compañías turísticas también tienen responsabilidad; hay quienes manejan como animales.”
La frustración es tan grande que muchos ya no saben a quién acudir. No hay respuestas, no hay acciones y, lo más grave, no hay voluntad visible de resolver un problema que pone en riesgo a cientos de miles de personas que utilizan esas vías diariamente.
Mientras Punta Cana sigue expandiéndose como destino turístico de clase mundial, su tránsito se hunde en un abandono institucional que ya no se puede tapar.
Cada choque, cada herido, cada vida perdida se suma a una lista que pudo evitarse si las autoridades hicieran su trabajo.
La comunidad clama por medidas urgentes y reales: controles estrictos, sanciones ejemplares, educación vial y un plan de seguridad claro. Pero hasta que eso ocurra, la sensación general es una sola: en las carreteras de Punta Cana, la población está sola y desprotegida.


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