PUNTA CANA. Aunque todos conocen y sufren este problema, decenas de barrios en Verón-Punta Cana desarrollan sus vidas con absoluta normalidad sin contar con sistemas adecuados para el tratamiento de aguas residuales, una situación que ha derivado en la construcción indiscriminada de pozos tubulares y cisternas en zonas donde también se vierten aguas cloacales.
Esta combinación representa una seria amenaza a la salud pública y al desarrollo urbanístico del principal polo turístico de República Dominicana.
La mayoría de estas comunidades utilizan pozos sépticos que filtran las aguas negras directamente al subsuelo, mientras a pocos metros perforan pozos tubulares para extraer agua subterránea destinada al uso doméstico.
En muchos casos, las cisternas se construyen tan cerca de las fuentes de contaminación que el riesgo de ingerir agua fecal es prácticamente inevitable.
Esta práctica, además de insalubre, vulnera todas las normas de manejo ambiental y pone en peligro tanto a las familias que habitan en esas zonas como a los residentes de proyectos residenciales formales cercanos.
El problema también amenaza el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios, cuyos inversionistas muestran sus quejas al evidenciar el desorden sanitario que predomina en el entorno.
“No es exagerado decir que se está viviendo sobre una bomba sanitaria que podría estallar en cualquier momento”, alertó un ingeniero ambiental consultado por este medio, quien advirtió que la contaminación del acuífero en esta zona puede generar brotes de enfermedades gastrointestinales, infecciones cutáneas y daños irreversibles a los ecosistemas locales.
A pesar de la magnitud del problema, las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente han mantenido un silencio preocupante. Tampoco se ha visto una intervención firme para detener esta práctica que atenta contra la salud colectiva y el ordenamiento territorial.
Este descontrol urbanístico y sanitario se da en un momento en que Verón-Punta Cana sigue creciendo aceleradamente, atrayendo inversiones y nuevos residentes, pero sin una infraestructura mínima que garantice calidad de vida y sostenibilidad ambiental. Si no se toman medidas urgentes, este crecimiento podría volverse insostenible, afectando incluso la imagen internacional de la zona.
El llamado es claro: el Ministerio de Medio Ambiente debe actuar con urgencia, fiscalizar estos barrios, imponer sanciones donde corresponda y exigir planes sanitarios viables para las comunidades. Las autoridades locales también deben asumir su rol y dejar de permitir el levantamiento de viviendas en condiciones de riesgo sanitario.
Verón-Punta Cana no puede seguir creciendo sobre cimientos contaminados. El progreso no se mide solo por la cantidad de construcciones, sino por la calidad del entorno en que se desarrollan.




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