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Mucha espuma, poco chocolate

Por Oscar Quezada

#Bávaro #Político #Punta Cana #Verón

En Verón-Punta Cana abundan los aspirantes, pero escasean los líderes que asumen el debate de los problemas reales. La política local parece haberse reducido a una competencia permanente por proyectarse como futuro alcalde, mientras los temas que golpean diariamente a la población quedan fuera de la conversación pública.

Se habla de candidaturas, de estructuras, de posibles alianzas políticas y de posicionamiento, pero muy poco de propuestas de solución a problemas puntuales.

Con pocas excepciones, gran parte del liderazgo político de la zona ha surgido del empirismo, sin formación política ni preparación en gestión pública, planificación territorial o administración municipal.

Eso no descalifica a nadie por sí solo, pero limita bastante la capacidad para exponer con conocimiento de causa los asuntos de interés público, y su abordaje con las habilidades requeridas para ocupar una función pública. Y eso es precisamente lo que muchas veces no aparece.

Resulta contradictorio que tantos quieran dirigir el principal polo turístico del país, pero pocos estén impulsando discusiones serias sobre los problemas que amenazan su sostenibilidad. ¿Dónde están los debates sobre el caos del tránsito, la inseguridad, la arrabalización, el crecimiento desordenado, la presión sobre los servicios básicos o la falta de planificación urbana? Son temas urgentes, pero rara vez ocupan el centro del discurso político local.

La política no puede reducirse a una campaña eterna y cuestionar siempre, cada día, cada hora, al partido opositor que detenta el poder. Hacer política no solo debe limitarse a posar para una candidatura futura; es asumir posiciones sobre asuntos complejos, generar propuestas y sostener discusiones incómodas cuando sea necesario.

Pero los políticos en Verón-Punta Cana muchas figuras parecen más interesadas en cultivar imagen que en construir pensamiento público. Lo preocupante es que ese vacío no solo empobrece la política, también debilita a la comunidad.

Cuando quienes aspiran a ostentar un cargo público no lideran debates fundamentales, la sociedad queda sin referentes y los problemas avanzan sin resistencia. El tránsito empeora, los asentamientos crecen sin control, la delincuencia preocupa y, mientras tanto, buena parte del liderazgo sigue en silencio o atrapado en cálculos electorales.

Un municipio que crece al ritmo de Verón-Punta Cana necesita dirigentes a la altura de su complejidad. No basta con tener ambición; se requiere visión. No basta con querer ser alcalde; hay que demostrar comprensión de los desafíos del territorio. Porque administrar una demarcación turística de esta dimensión, más que popularidad y saturación mediática, exige criterio.

La crítica no es contra personas, sino contra una cultura política que parece cómoda evitando los temas de fondo. Y eso debe cambiar. Verón-Punta Cana necesita menos promoción personal y más discusión pública; menos improvisación y más pensamiento estratégico.

Porque quien aspira a dirigir los destinos de esta demarcación debería empezar por ocuparse, desde ahora, de los problemas que pretende gobernar después.

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