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Periodismo facilón

Por Oscar Quezada

#comodidad #contenido #facil #Periodismo

Hoy no se necesita calle para ser periodista. Basta un celular, conexión estable y ganas de escribir algo —lo que sea— desde un bar, entre tragos y cigarrillos. O bajo una sombrilla en la playa, mientras las olas compiten con el bullicio de la música urbana.

Así se construye gran parte del contenido que hoy se llama “noticia”: liviano, cómodo y muchas veces, vergonzoso.

Este fenómeno, bautizado como periodismo light, ha convertido el oficio en una práctica superficial, donde el rigor fue sustituido por likes, y la verificación de datos por el oportunismo de replicar lo que postea una figura pública.

¿Una celebridad dijo algo en X? Listo, ya hay titular. ¿Un político subió una foto cualquiera en una plaza? Noticia urgente. No importa el contexto, ni la verdad, ni el impacto real. Solo importa quién lo dijo y qué tan viral puede volverse.

Este periodismo sin alma se disfraza de inmediatez, pero no informa, sino que, más bien, confunde. Y en esa confusión, lo que se pierde es la confianza del público, la credibilidad del medio y, en última instancia, el valor de la verdad.

Hemos pasado del periodismo de calle, del que escucha el testimonio directo, al periodismo de escritorio, que solo necesita wifi y una cuenta activa de redes sociales. Lo alarmante no es solo la pereza profesional, sino la normalización de esta decadencia.

Muchos jóvenes entran al oficio creyendo que periodismo es estar pendiente de las redes sociales y escribir desde la comodidad de su burbuja digital. No pisan una calle, no llaman una fuente, no cuestionan nada. Son replicadores; no reporteros.

Este no es un oficio para cómodos. Y quienes lo han convertido en un juego de redes, le están fallando a la gente… y también a sí mismos. La comodidad jamás puede ser el motor del periodismo.

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