BBC MUNDO:– Náuseas, cansancio extremo, antojos, cambios de humor, dolores de espalda e incluso aumento de peso son síntomas que normalmente se relacionan con el embarazo. Sin embargo, en algunos casos también pueden aparecer en quienes acompañan a una mujer embarazada sin estar gestando. Este fenómeno es conocido como síndrome de Couvade, una condición poco estudiada que ha despertado el interés de médicos, psicólogos e investigadores en los últimos años.
La obstetra y ginecóloga Catherine Caponero describe el síndrome como una especie de “embarazo por empatía”, en el que una persona comienza a experimentar manifestaciones físicas y emocionales similares a las del embarazo de su pareja. Aunque suele asociarse a los futuros padres, también se han documentado casos en parejas del mismo sexo y en familiares cercanos que conviven con la embarazada y participan activamente en su cuidado.
Los síntomas pueden aparecer durante el primer trimestre, disminuir durante algunos meses y volver a intensificarse en la etapa final de la gestación. Entre las manifestaciones más comunes se encuentran las náuseas, la fatiga, el insomnio, los dolores musculares, los cambios en el apetito, la ansiedad y las alteraciones emocionales. En la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen después del nacimiento del bebé.
A pesar de que diferentes estudios sugieren que el síndrome podría afectar a una proporción significativa de futuros padres, la condición no figura en los principales manuales internacionales de diagnóstico médico o psiquiátrico. Esto ha provocado que durante décadas recibiera poca atención académica y clínica.
Los investigadores consideran que el síndrome tiene múltiples causas. Por un lado, existe un componente psicológico relacionado con el estrés, la ansiedad y las emociones que acompañan la llegada de un hijo. Convertirse en padre implica asumir nuevas responsabilidades económicas, familiares y personales, una situación que puede generar tensión y manifestarse a través de síntomas físicos.
Especialistas en salud mental señalan que la transición hacia la paternidad es uno de los cambios más importantes en la vida adulta. La incertidumbre sobre el futuro, la preocupación por el bienestar de la pareja y del bebé, así como el miedo a no cumplir adecuadamente el rol de padre, pueden influir en la aparición de estas manifestaciones.
Sin embargo, la explicación no parece ser únicamente emocional. Estudios recientes han encontrado evidencias de cambios hormonales en los futuros padres durante el embarazo de sus parejas. Investigaciones realizadas en Estados Unidos detectaron disminuciones en los niveles de testosterona y estradiol, hormonas vinculadas al comportamiento y al cuidado parental.
Según los científicos, estas modificaciones biológicas podrían representar una adaptación natural del organismo para favorecer una mayor conexión con el bebé y una participación más activa en las tareas de crianza. De hecho, algunos estudios encontraron que los hombres que experimentaban mayores cambios hormonales tendían a involucrarse más en el cuidado del recién nacido y en las labores del hogar después del parto.
La historia del síndrome de Couvade también tiene raíces culturales. El término proviene del francés couver, que significa incubar o criar. Desde la antigüedad se han documentado rituales en distintas culturas donde los hombres simulaban dolores de parto o permanecían en reposo tras el nacimiento de un hijo como una forma simbólica de compartir la experiencia con la madre.
Actualmente, muchos expertos consideran que el síndrome no debe verse necesariamente como una enfermedad, sino como una manifestación de los profundos cambios emocionales y biológicos que pueden experimentar las personas cercanas a una mujer embarazada. Para algunos investigadores, se trata de una muestra de empatía y de la estrecha conexión que puede desarrollarse durante el proceso de gestación.
Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, el síndrome de Couvade continúa siendo objeto de estudio y ofrece una perspectiva diferente sobre cómo la llegada de un hijo puede transformar no solo a la madre, sino también a quienes comparten con ella la experiencia de convertirse en familia.
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