Una encuesta realizada entre el 22 y el 28 de junio de 2026 por el Pew Research Center revela que los adultos estadounidenses están abiertos a incorporar la inteligencia artificial (IA) en los servicios de salud, principalmente en tareas administrativas, aunque prefieren que los profesionales médicos supervisen sus funciones y mantengan el control de las decisiones clínicas.
Según datos obtenidos por el portal Pew Research Center, el 78 % de los encuestados acepta que la IA participe en la traducción para pacientes, mientras que un 52 % prefiere que una persona revise el resultado y un 26 % está dispuesto a que la tecnología realice esta tarea sin intervención humana.
La disposición disminuye cuando se trata de funciones que pueden afectar directamente la salud de los pacientes, como los diagnósticos médicos y las decisiones relacionadas con los seguros. En este último ámbito, el 46 % de los estadounidenses rechaza que la IA intervenga y apenas un 5 % acepta que tome decisiones por cuenta propia.
El estudio, basado en una encuesta a 3,488 adultos estadounidenses, también señala que la mayoría mantiene reservas sobre el uso de esta tecnología en su propia atención médica. Un 60 % manifestó sentirse incómodo con que su médico utilice IA para cuestiones relacionadas con diagnósticos y tratamientos, frente a un 30 % que expresó sentirse cómodo.
Preocupación por la privacidad y la relación médico-paciente
Entre los principales temores identificados por la investigación figuran la protección de los datos personales y el posible deterioro de la relación entre médicos y pacientes.
El 51 % considera que la incorporación de la IA empeorará la seguridad de la información médica confidencial, mientras que apenas un 8 % cree que contribuirá a mejorarla. Asimismo, el 47 % opina que esta tecnología perjudicará la relación entre pacientes y médicos, frente a un 10 % que espera un efecto positivo.
Las percepciones sobre los costos sanitarios también reflejan reservas: el 26 % considera que la IA los empeorará, mientras que el 19 % entiende que podría reducirlos.
No obstante, los resultados muestran expectativas favorables en algunas áreas. Un 31 % cree que la inteligencia artificial mejorará el acceso a los servicios de salud, frente a un 20 % que prevé un efecto negativo. También se registran opiniones más favorables sobre su posible contribución a la precisión de los diagnósticos médicos.
La encuesta encontró, además, diferencias según el nivel educativo, los ingresos y el grupo racial o étnico. Los adultos asiáticos, así como las personas con mayores ingresos y niveles de educación, muestran una mayor disposición a aceptar la participación de la IA en distintas funciones sanitarias.
En el caso de la renovación de recetas, por ejemplo, el 86 % de los estadounidenses con ingresos altos está abierto a que la IA intervenga, frente al 59 % de quienes tienen ingresos bajos.
Los resultados reflejan que, aunque existe apertura a incorporar inteligencia artificial en los servicios sanitarios, la confianza de los ciudadanos sigue condicionada por la supervisión humana, la protección de sus datos y la participación directa de los profesionales de la salud en las decisiones que afectan a los pacientes.
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