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Y tú, ¿sabes hablar en dominicano?

Por Oscar Quezada

#Dominicanos #Jergas dominicanas #Lenguaje Dominicano

Punta Cana. En el país donde el sol calienta más que los memes y la gente saluda con un “klk” en vez de un cómo estás, el fraseo se ha convertido en una expresión cultural que va más allá del idioma. Aquí no se habla, se improvisa con flow, picardía y un sazón urbano que ni los diccionarios han podido descifrar del tó’.

Cuando un dominicano dice “Dime a ver”, no está pidiendo detalles específicos. Lo que realmente quiere es saber qué tú estás tramando, manín, o simplemente iniciar una conversación. Si la vaina se está poniendo buena, alguien suelta un entusiasta “¡Vamos a eto!”, lo que en lenguaje universal significa: esto se va a poner feo, bueno o divertido, pero se va a poner.

Y si alguien lo está haciendo bien, rompiendo con su actitud, su pinta o su vibra, se le reconoce con un respetuoso: “Hay que dársela” —en otras palabras, ese tipo tiene razón, está en lo suyo o lo está haciendo vacano.

Pero cuidado, porque si lo hiciste mal, pusiste un huevo.

Pero no todo es brillo. También existe el lado oscuro del fraseo. Por ejemplo, si alguien se equivocó feo, ya sea en la calle, en el amor o en un examen, se escucha el infame veredicto: “Te guayaste” o te la debiste.

Otros, más atrevidos, te dirán que te comiste los mocos. Traducción académica en dominicano: cometiste un error del tamaño del mundo, papá.

Y si te dicen que estás “frenando en el aro”, prepárate, porque lo que te quieren decir es que tú estás sin un peso, sin “ni uno”. Y si es que estás en ‘olla’, puedes pedirle al pana una científica”, que no es una fórmula química, sino una manera vacana de pedirte cien pesos pa’ resolver pal de cositas.

El dominicano también sabe identificar las emociones sin necesidad de profundizar. ¿Te notan con mala cara? “Ta’ quillao’” – una forma elegante de decir que estás enojado. ¿Tú no entiendes algo o te dejaron en el aire? “Dame luz” – o sea, explícame, no me marees.

Y hablando de mareo, si alguien está hablando mucho y haciendo poco, ya tú sabes: “Eso e’ puro mareo o cotorra.” Ahí no hay sinceridad ni intención real; te están vendiendo sueños.

El que se pone fresco, se le dice de una: “Se pasó de contento” o simplemente “ta’ pasao”. Es el típico individuo que se pone muy creativo con la confianza ajena.

Ahora bien, si estamos hablando de amores, los fraseos también tienen su glow-up. Cuando una mujer deslumbra, cuando deja a medio mundo girando la cabeza como ventilador industrial, no se le dice bonita. No. Aquí se le dice que “¡esa tipa ta’ mortal!” o ta’ buenísima– un piropo premium, nivel poético del barrio.

Y si el plan es hacer algo en grande, sin miedo y con actitud, la consigna es una sola: “¡Vamos a romper!” Ya sea en el party, un juego, una apuesta, en el trabajo o en una simple salida al colmado, la meta es romper con to’.

Así es el habla del dominicano: un código callejero con categoría literaria. Un idioma alternativo que vive, respira y se renueva a diario entre la chercha, el concho, la fritura y el reggaetón.

Entonces, ¿klk? ¿Vamo’ a eto o qué? Porque si tú no entiendes este fraseo, montrón, tu no ta’ en na’.

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