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El “paño con pasta”

Por Oscar Quezada

En el imaginario popular dominicano existe una práctica tan vieja como manipuladora: el famoso “paño con pasta”. Cada vez que se anuncia la visita del presidente de la República a una comunidad, de inmediato aparecen brigadas tapando hoyos, pintando aceras y limpiando calles que llevaban meses en total descuido.

Esto se hace para que, cuando el mandatario pase, crea que todo marcha sobre ruedas. Pero la verdad es que, una vez el convoy presidencial se aleja, la pintura se borra, los huecos reaparecen y el pueblo regresa a su dolorosa realidad.

Este teatro del maquillaje institucional refleja una cultura de simulación que ofende la inteligencia del ciudadano. En lugar de transparentar los problemas para que el presidente los conozca de primera mano y tome decisiones acertadas, se le miente con escenarios ficticios.

De esa manera, los funcionarios locales quedan bien ante sus superiores, pero el país pierde una valiosa oportunidad de mejorar.

El “paño con pasta” no solo tapa baches; también es una metáfora del manejo superficial del Estado. Gobernar no es aparentar eficiencia, sino resolver las causas de los males que afectan a la gente.

Lo que necesita el presidente no es que le muestren un pueblo de cartón, sino que lo enfrenten a la realidad cruda: calles destruidas, barrios sin agua, hospitales sin insumos y jóvenes sin oportunidades.

Engañar al presidente es, en el fondo, engañar a la nación. Es reproducir un sistema donde el maquillaje vale más que la gestión y la apariencia más que la verdad.

Allantar al presidente no sirve de nada, porque a la gente que sufre los problemas nadie puede engañarla con decoraciones momentáneas.

El país no necesita paños con pasta, sino manos firmes y decididas que transformen su realidad.

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