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Una madre no se cansa de esperar

Por Oscar Quezada

Por : Oscar Quezada

Mientras trabajaba para un medio de circulación nacional en la capital, decidí hacer algo diferente para un mes de mayo, cuando el país se preparaba para celebrar el Día de las Madres.

Quise alejarme de las historias tradicionales de flores, regalos y reuniones familiares, para adentrarme en un dolor del que casi nadie habla.

Comencé a visitar hogares de mujeres que llevaban años buscando a hijos desaparecidos, jóvenes, adultos y adolescentes que un día salieron de sus casas y nunca regresaron. Pensé que sería una serie de reportajes más. Pero no, aquellas historias eran muy distintas.

Cada entrevista era un golpe certero al alma. Escuchar el testimonio de esas madres era como entrar en vidas detenidas en el tiempo. Había casas donde las habitaciones seguían intactas, con la ropa doblada, fotografías sobre la mesa y un silencio penetrante en cada rincón.

Algunas madres me hablaban con una serenidad triste; otras apenas podían contener las lágrimas.

Confesaban que desde la desaparición de sus hijos sus vidas nunca volvieron a ser las mismas. Porque hay dolores que no encuentran descanso cuando no existe una respuesta.

Y es que pocas experiencias son tan desgarradoras como el dolor de una madre por la ausencia inexplicable de sus hijos. No saber si ese hijo tiene hambre, si duerme en alguna calle, si aún respira o si partió de este mundo sin que nadie pudiera avisarlo.

La incertidumbre se convierte en una herida abierta que acompaña cada día, cada fecha especial y cada noche llorando callada.


Sin embargo, en medio de tanto sufrimiento, había algo que nunca desaparecía: la esperanza.Una madre nunca deja de esperar.

Aunque pasen los años, el cansancio pese y las fuerzas se agoten, siempre habrá una luz encendida en su corazón.

El amor de una madre no conoce límites.

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