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¿Prevenir o sanar?

Por Oscar Quezada

#Bienestar #Prevención #Salud

En la República Dominicana, el sistema de salud continúa arrastrando una debilidad histórica: la escasa inversión en políticas de prevención. Aunque constantemente se anuncian jornadas médicas, campañas temporales y operativos comunitarios, la realidad demuestra que el modelo sigue concentrado en atender enfermedades cuando ya se han agravado, en lugar de evitarlas desde el origen.

Esa falla tiene un impacto directo sobre los sectores más vulnerables del país. La prevención no debería verse como un gasto, sino como una inversión social. Un sistema que promueve chequeos médicos regulares, educación alimentaria, vacunación eficiente, salud mental, actividad física y control temprano de enfermedades, reduce significativamente la presión hospitalaria y mejora la calidad de vida de la población.

Sin embargo, en muchas comunidades dominicanas todavía hay personas que duran años sin realizarse una evaluación médica básica, ya sea por falta de recursos, distancia o ausencia de programas permanentes de orientación.

Las consecuencias son evidentes. Enfermedades como la diabetes, la hipertensión y las afecciones renales avanzan silenciosamente hasta convertirse en situaciones críticas y costosas.

Cuando finalmente el paciente llega al hospital, muchas veces requiere medicamentos permanentes, internamientos o tratamientos de alto costo, como la hemodiálisis. En ese punto, el problema deja de ser únicamente médico y se convierte también en una tragedia económica para las familias.

Quienes más sufren esta realidad son los ciudadanos de menores ingresos. Una persona con estabilidad económica puede acceder a consultas privadas, análisis preventivos y alimentación más saludable. Pero en localidades habitadas por gente de escasos recursos económicos, miles de familias dependen exclusivamente de un sistema público que continúa reaccionando tarde.

La prevención desigual termina ampliando aún más la brecha social. El Estado dominicano necesita comprender que sanar siempre será más costoso que prevenir. No solo en términos financieros, sino también humanos.

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