Este lunes 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una fecha destinada a sensibilizar sobre el impacto de una enfermedad neurodegenerativa que deteriora progresivamente la memoria, el pensamiento y otras capacidades cognitivas.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la demencia afecta a más de 57 millones de personas en todo el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer constituye la forma más común de demencia y representa entre el 60 % y 70 % de los casos.
Una enfermedad que afecta la autonomía
Además de la memoria, el Alzheimer puede afectar la orientación, la comprensión, el lenguaje, el aprendizaje y la capacidad para tomar decisiones. También pueden presentarse cambios en el estado de ánimo y el comportamiento.
A medida que la enfermedad progresa, las personas pueden perder autonomía y requerir mayor asistencia para realizar actividades cotidianas, lo que también repercute en sus familiares y cuidadores.
El Día Mundial del Alzheimer fue establecido en 1994 por la Organización Mundial de la Salud, con el apoyo de Alzheimer’s Disease International (ADI), como una fecha para promover la sensibilización y el conocimiento sobre esta enfermedad y otras formas de demencia.
Prevención y factores de riesgo
La OMS señala que hasta el 45 % del riesgo de desarrollar demencia podría prevenirse o retrasarse mediante intervenciones dirigidas a factores modificables.
Entre estos se encuentran la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol, la inactividad física y el aislamiento social. Mantener una alimentación saludable, realizar actividad física y controlar las enfermedades crónicas también forma parte de las medidas asociadas con la protección de la salud cerebral.
Aunque no existe una forma definitiva de prevenir el Alzheimer, la identificación y modificación de factores de riesgo puede contribuir a reducir o retrasar el riesgo de demencia.
Reconocer las señales de alerta
Los olvidos frecuentes que interfieren con la vida cotidiana, la desorientación, las dificultades para comunicarse y los cambios significativos en el comportamiento pueden constituir señales que requieren atención.
Ante estos síntomas, una evaluación médica permite determinar sus posibles causas y facilitar, cuando corresponda, el acceso a tratamiento, orientación y apoyo para la persona afectada y sus familiares.
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