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Verón–Punta Cana: una ciudad que crece sin ser reconocida

Por Redacción Bávaro

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Por Rafael Barón Duluc

Verón–Punta Cana es una de las zonas de mayor dinamismo y crecimiento de toda la República Dominicana. Lo que inició como un enclave turístico planificado se ha transformado, en menos de tres décadas, en una ciudad viva, plural y en constante expansión.

Hoy, entre población residente y flotante, esta zona alberga a más de 250,000 personas cada día, siendo un verdadero centro urbano, económico y social del país. Y sin embargo, aún no ha sido reconocida ni tratada como tal.

Esta situación no es responsabilidad exclusiva de un solo gobierno ni de una sola institución. Es, en gran medida, el reflejo de una deuda social acumulada a lo largo de los años, producto de una desconexión entre el acelerado crecimiento local y la planificación nacional.

Las cifras oficiales se han quedado cortas frente a la realidad que vive cada día esta comunidad. Según estudios recientes y datos de servicios públicos, la población residente en Verón–Punta Cana ya supera los 200 mil habitantes, y se suman decenas de miles de turistas y trabajadores temporales que transitan a diario.

El crecimiento urbano, la multiplicación de viviendas, la expansión hotelera, el aumento del tránsito, el volumen de residuos y la presión sobre los servicios básicos son señales claras de una comunidad que ha superado su diseño original.

Lo que hoy ocurre en Verón–Punta Cana es una transformación profunda, que requiere ser acompañada con visión de Estado, planificación territorial y corresponsabilidad institucional.

Esta es una oportunidad para que todos, Estado, sector privado, comunidad local, nos pongamos de acuerdo y avancemos en el reconocimiento formal, administrativo y presupuestario de lo que ya es un hecho social: Verón–Punta Cana es una gran ciudad dominicana, con retos y necesidades que deben ser atendidos de forma justa y proporcional.

Elevar su categoría administrativa a municipio, actualizar sus estadísticas poblacionales, dotarla de infraestructuras públicas esenciales y planificar su desarrollo con enfoque sostenible, son pasos fundamentales para saldar esa deuda social histórica que ha limitado su verdadero potencial.

El país necesita que Verón–Punta Cana funcione a la altura de lo que representa. No sólo como destino turístico de excelencia, sino como hogar digno de cientos de miles de personas que han apostado su vida y su trabajo en esta tierra.

La visión de futuro debe construirse desde la verdad de los números, desde la realidad de los barrios, desde el compromiso con un desarrollo equilibrado y humano.

Reconocer a Verón–Punta Cana como lo que ya es, no es un favor: es un acto de justicia.

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