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ESTO PIENSO DE LA MARCHA EN EL HOYO DE FRIUSA

Por Oscar Quezada

#Comunkdad de Friusa #Friusa #Haitianos en Friusa

VERÓN. El próximo domingo 30, la Antigua Orden Dominicana, junto a otras entidades afines, llevará a cabo una marcha en el sector Hoyo de Friusa, en Verón-Punta Cana, con el propósito de rechazar la masiva presencia haitiana en la zona.

Este evento ha generado una gran expectativa y, al mismo tiempo, serias preocupaciones sobre su posible desarrollo y consecuencias. Por un lado, es innegable que la migración irregular es un tema que debe ser abordado con responsabilidad y firmeza.

La soberanía de un país y el respeto a sus normas migratorias no deben ser puestos en mesas de negociaciones bajo ninguna circunstancia. En este sentido, es válido que existan sectores que exijan una mejor regulación de la presencia extranjera en el país.

La Antigua Orden Dominicana se define como defensora de los valores patrios, y su llamado responde a una inquietud que muchos comparten, especialmente en comunidades donde la inmigración ha generado cambios significativos en la dinámica social y laboral.

Sin embargo, las preocupaciones sobre esta marcha no son infundadas. Eventos de esta naturaleza pueden fácilmente desbordarse si no se manejan con prudencia. Las tensiones entre comunidades pueden avivarse, y el discurso nacionalista mal canalizado puede derivar en situaciones lamentables.

La historia nos ha demostrado que, cuando se tocan fibras sensibles como la identidad y la convivencia, las reacciones pueden ser impredecibles. En un sector como el Hoyo de Friusa, donde la comunidad haitiana es numerosa, el riesgo de confrontación no es mera especulación, sino una posibilidad realista.

El Ministerio de Interior y Policía ha autorizado la manifestación, dejando claro que no permitirá alteraciones del orden público ni actos que atenten contra la seguridad nacional.

Dicho de otra manera, cualquier expresión de descontento debe enmarcarse dentro del respeto a las leyes y a los derechos humanos. La protesta es un derecho legítimo, pero también lo es la convivencia pacífica.

En este delicado equilibrio se juega el éxito o el fracaso de la marcha. El llamado a la prudencia es necesario. Quienes asistan deben ser conscientes de que el mensaje que emitan repercutirá más allá del evento.

La imagen del país, la relación entre comunidades y la percepción internacional de cómo manejamos nuestras diferencias están en juego. La solidez en la defensa de la soberanía no debe confundirse con la incitación a discursos de odio que puedan degenerar en hechos lamentables.

Este domingo 30 se pondrá a prueba la madurez de nuestra sociedad. La manifestación puede convertirse en un ejercicio democrático legítimo o en un foco de tensión con consecuencias imprevisibles.

Todo dependerá de cómo se maneje. Ojalá que prime la sensatez, porque en el fondo, lo que está en discusión no es solo la migración, sino el tipo de país que queremos ser.

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