PUNTA CANA; El pasado miércoles, durante la visita del colegio Máximo Potencial a Grupo de Medios EB, una estudiante hizo una pregunta que me sacó el aire. La alumna pidió un turno y disparó un poderoso misil: “¿Qué criterios asumen ustedes para decidir entre lo objetivo y subjetivo antes de publicar contenidos?” Respiré profundo para encarar a una adolescente que preguntaba sobre un debate permanente en la carrera de Periodismo.
Le dije a la inquieta estudiante que la objetividad es un desafío constante. Cada decisión editorial implica un filtro de selección, y aquí es donde entran en juego los criterios que garantizan que la información publicada responda a la realidad que contamos, y no a interpretaciones personales. Los medios de comunicación deben aplicar una serie de técnicas para asegurar que los hechos sean presentados con rigurosidad y sin sesgos innecesarios, y en este ejercicio la verificación de fuentes juega un rol primordial.
Además, la jerarquización de la información nos permite diferenciar entre lo que es de interés público y lo que responde a intereses particulares o emocionales. Otro criterio elemental es el uso del lenguaje. Evitamos adjetivos innecesarios, juicios de valor o construcciones que induzcan al lector a interpretaciones subjetivas del contenido publicado.
En la era digital, donde la información fluye sin control y cualquier usuario con un teléfono inteligente puede difundir noticias, la responsabilidad de los medios es más crítica. No se trata solo de publicar lo más impactante o viral, sino de priorizar lo que realmente importa a la sociedad. Al responderle a la estudiante, le dije que nuestro compromiso es con la búsqueda honesta de la verdad. Publicamos lo que responde al interés común. No es una tarea fácil, pero es la esencia misma del periodismo: permitir que los hechos hablen por sí mismos.
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