MEXICO; La chica de humo, la novia del muelle o la llamada «loca de San Blas» son algunas de las expresiones con las que se recuerda a Rebeca Méndez Jiménez, la mujer que, vestida de novia, vendía muñecas de tela mientras esperaba el regreso de un amor. Su historia se hizo conocida a través de la canción «En el muelle de San Blas», del grupo mexicano Maná, que relata la espera de una mujer cuyo amado partió en un barco y prometió regresar.
Sin embargo, la verdadera historia de Rebeca dista bastante de lo que cuenta la canción. Detrás de aquella imagen había una mujer que atravesó separaciones, pérdidas y momentos difíciles, pero que también encontró el amor y, después de muchos años, logró reencontrarse con su hija.

«Murió en mis brazos el 15 de septiembre de 2012. Ese día yo le cantaba al oído», recordó Blanca Suárez Méndez, hija de Rebeca, en declaraciones a Teleshow, al explicar por qué considera importante que la historia de su madre se conozca tal como ocurrió.
«Mucho se habló sobre mi madre. Lamentablemente, casi todo lo que se dice es mentira. Y por respeto a ella, a su historia, es necesario que se sepa la verdad de los hechos», expresó Blanca.
Rebeca nació en Guadalajara, México, en 1943. Desde joven mostró talento para el canto y llegó a formar parte de un grupo musical, con el que alcanzó cierta fama y obtuvo ingresos. En aquella etapa también estudiaba y buscaba construir una carrera artística.

Mientras asistía a un centro educativo donde había conseguido una beca de cinematografía, conoció a un joven que estudiaba publicidad. Se enamoraron y ella quedó embarazada de Blanca. Sin embargo, no le permitieron casarse con el padre de la niña, pues su familia temía que abandonara su carrera como cantante.
Según relató su hija, la separación fue muy dolorosa. La familia del joven decidió enviarlo al extranjero para alejarlo de Rebeca, quien todavía estaba embarazada. Blanca considera que aquella situación marcó profundamente a su madre y la llevó a una crisis emocional.
Con el paso del tiempo, Rebeca conoció a otro hombre, con quien tuvo dos hijos. Quiso casarse con él, pero descubrió que ya estaba casado. La relación terminó de manera dolorosa y Rebeca fue internada en un centro psiquiátrico. También perdió su herencia, luego de que, según su hija, sus hermanos la engañaran.

La situación familiar se complicó aún más cuando sus dos hijos fueron enviados a Italia en 1984. Blanca era menor de edad y no podía visitar a su madre en el centro donde estaba internada. Esperaba cumplir la mayoría de edad, en octubre de 1985, para poder verla.
Pero ese año ocurrió un acontecimiento que cambiaría nuevamente la vida de Rebeca.
El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de magnitud 8.1 sacudió el centro, sur y occidente de México y dejó una enorme devastación. En medio de aquella tragedia, Rebeca escapó del centro psiquiátrico y comenzó a recorrer las calles en busca de sus hijos.
«Ella solo quería encontrar a su familia, a sus hijos. Es probable que una parte de ella pensara que habíamos muerto en medio de esa tragedia», recordó Blanca.
En su búsqueda llegó a San Blas, un lugar que conocía desde pequeña y al que solía ir de vacaciones. Allí comenzó a llamar la atención de los residentes por su aspecto, su belleza y el cigarrillo que casi siempre llevaba en la mano.

La gente empezó a llamarla «La chica de humo», no solo porque fumaba constantemente, sino también porque podía desaparecer durante días sin dejar rastro.
Pero San Blas no fue únicamente el lugar donde Rebeca llegó después de escapar. Allí también encontró nuevamente el amor.
Conoció a un joven surfista llamado Ladislao, conocido por todos como Laus. A pesar de la diferencia de edad, ambos iniciaron una relación y comenzaron a vivir juntos en una pequeña casa cerca de la plaza y a pocos pasos del muelle.
«Juntos, ellos eran la bomba. Mi mamá, por fin, había encontrado el amor», recordó Blanca.
Rebeca acostumbraba vestir un traje de novia, que con el tiempo se convirtió en su atuendo habitual. Se dedicaba a vender muñecas de trapo y pequeñas artesanías a los turistas y residentes. También hablaba con entusiasmo de Laus y de su deseo de casarse con él. Estaba convencida de que aquel hombre sería el amor de su vida.
Sin embargo, una tarde, Ladislao tomó su motocicleta para dirigirse a un puerto cercano y comprar algunas cosas que necesitaban. Nunca regresó. Un accidente terminó con su vida y dejó a Rebeca nuevamente sola.
A partir de entonces, permaneció en San Blas, vestida de novia y caminando hacia el muelle, mientras esperaba el regreso de un hombre que ya no volvería. Llegó a dormir en bancos de las calles y se mantenía con la venta de muñecas confeccionadas con retazos de tela. También ayudaba en la limpieza de un restaurante.
Su presencia conmovía a algunas personas del pueblo. Un taxista de la zona recordó lo impactante que era verla caminar hacia el muelle con su vestido de novia. Para él, aquella escena transmitía tristeza, soledad y abandono, aunque para otros resultara motivo de curiosidad.

Fue durante esa etapa cuando Fher Olvera, vocalista de Maná, conoció a Rebeca y escuchó su historia. Su relato lo inspiró a escribir unas líneas que luego compartió con los demás integrantes de la banda. Así nació la canción «En el muelle de San Blas», que se convirtió en uno de los grandes éxitos del grupo.
El tema formó parte del álbum Sueños líquidos, publicado el 14 de octubre de 1997, y alcanzó popularidad en más de 36 países. Desde entonces, la historia de Rebeca comenzó a conocerse internacionalmente, aunque, según su hija, también se difundieron versiones que no correspondían con lo ocurrido.
El reencuentro con su hija
Después de muchos años sin saber de su madre, Blanca recibió en 2009 una visita inesperada. Una vecina le informó que una mujer que decía ser su tía llevaba varias horas esperándola. Se trataba de una familiar de Rebeca que había llegado para contarle sobre la mujer que vivía en San Blas y cuya historia se parecía a la de su madre.
Al principio, Blanca tuvo dificultades para creer lo que escuchaba. Sin embargo, sabía cuánto había sufrido Rebeca y reconoció en aquel relato muchos episodios de su vida.
Finalmente, logró reunirse con su madre en un pequeño hotel cerca del barrio de San Juan de Dios. Rebeca continuaba fabricando muñecas, muchas de ellas vestidas de novia, y con las ventas cubría sus gastos de alojamiento y alimentación.
Madre e hija volvieron a vivir juntas en Guadalajara e intentaron recuperar el tiempo que habían perdido. Blanca recordó que, desde entonces, Rebeca no dejaba de decirle que ella había sido el más grande de sus amores, porque la había llevado en su vientre y la había tenido en sus brazos.
Durante ese reencuentro, Blanca quiso conocer más sobre la costumbre de su madre de vestir de novia. Rebeca le explicó que, aunque las personas cambian con los años, si su hija la veía vestida de esa manera sabría que todavía lo estaba esperando y no se equivocaría.
También le preguntó quién era aquel gran amor al que esperaba. Pero Rebeca no quiso revelar el misterio. «Es un misterio que me llevaré a la tumba», respondió, con los ojos llenos de lágrimas.
El 15 de septiembre de 2012, Rebeca murió en los brazos de su hija. Blanca la acompañaba y le cantaba al oído.
A pesar de todo lo vivido, su hija prefiere recordarla como una mujer que buscó ser libre, que amó intensamente y que nunca perdió la esperanza. Considera que su madre tuvo una vida marcada por el sufrimiento y la soledad, pero también por la capacidad de seguir adelante.
Blanca insiste en que la historia de Rebeca no debe reducirse a la imagen de una mujer que esperaba en un muelle a un hombre que se había marchado en un barco. Su vida fue mucho más compleja y estuvo llena de acontecimientos que la canción no contó.
«Esta es la historia real, no un mito», afirmó. Y al recordar el apodo con el que muchos conocieron a su madre, dejó una frase que resume su manera de entender lo ocurrido: «Rebeca estaba loca, sí, pero de amor».
FUENTE; INFOBAE
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