VENEZUELA. La reciente escalada de tensiones en el Caribe ha vuelto a colocar a Venezuela en el centro del mapa geopolítico regional.
Según datos obtenidos por el portal Infobae, mientras Estados Unidos incrementa su presencia naval y realiza ataques contra buques vinculados al narcotráfico, el gobierno de Nicolás Maduro exhibe ejercicios y discursos de preparación ante una posible intervención extranjera, según documentos y fuentes militares citadas por Reuters.
No obstante, esa retórica contrasta con la realidad interna de las fuerzas armadas venezolanas, marcadas por bajos salarios, equipos envejecidos y falta de entrenamiento.
Soldados consultados admitieron que “no estamos preparados contra una de las mayores potencias militares del mundo” y que, en caso de conflicto, el país apostaría por tácticas de resistencia irregular.
De acuerdo con los documentos filtrados, el régimen ha diseñado dos líneas de acción en caso de ataque: una “resistencia prolongada”, basada en la dispersión de unidades pequeñas en más de 280 puntos del país, y una estrategia de “anarquización” que implicaría el uso de milicianos y simpatizantes armados para generar desorden urbano.
Aunque el gobierno asegura contar con un “Estado fuerte” y un arsenal de misiles portátiles y milicianos distribuidos en todo el territorio, fuentes militares señalan que gran parte del equipo —adquirido en la década de 2000 a Rusia— sufre obsolescencia y falta de mantenimiento.
Analistas consultados por Reuters sostienen que la estrategia de Caracas no busca una victoria militar convencional, sino proyectar disuasión política: aumentar el costo y la complejidad de cualquier intervención externa prolongada.
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