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Conducir en Verón

Por Oscar Quezada

#Conducir #veron

Verón; Recorrer las calles de Verón es toda una aventura. Es una experiencia sensorial completa, donde los protagonistas son motores zigzagueando, cual coreografía improvisada; guagüitas voladoras con licencia para parquearse donde les plazca y peatones más valientes que un gladiador romano.

Las vías son hervideros de vendedores ambulantes que desafiaban las leyes del tránsito y de la física, cruzando de un lado a otro, aguacates en mano o canastas llenas de mercancías variadas; termos de café o bandejas de empanadas en perfecto equilibrio sobre la cabeza.

Los agentes de tránsito aparecen y desaparecen, como magos profesionales. A ratos se les ve con la energía de un director de orquesta, moviendo manos y brazos para dar paso a una hilera de camiones, carros y motocicletas. Pero en un abrir y cerrar de ojos, los reguladores del tráfico desaparecen hasta quien sabe cuándo.

En esos momentos reina la ley del más fuerte (o del más atrevido) Las famosas guagüitas voladoras merecen un capítulo aparte. No importa si hay semáforo o si la vía es estrecha, ellas se detendrán donde el pasajero diga. ¿Un carril de dos vías? No hay problema. ¿Justo en la curva más peligrosa? Tampoco. ¿En medio de un tapón? ¡Perfecto! Y no esperen un simple frenazo, no.

El chofer bajará la ventana, preguntará con calma si alguien más se baja y, si es necesario, entablará una conversación de cinco minutos con un colega de otra guagua, sin el más mínimo apuro. Lo más fascinante de todo es que, en medio de este desorden con bocinazos como banda sonora de fondo, la gente sigue adelante. Es un tráfico caótico, pero con personalidad, con su propio ritmo. Así que, si algún día se encuentra atrapado en un tapón de aquí, relájese, compre un agua de coco y disfrute el espectáculo.

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