Cuando el dolor del otro no importa
Tristemente, los seres humanos nos encaminados hacia una deshumanización tal, que, sencillamente asusta.
Mueren 15 jóvenes en forma violenta en La Romana y si no fuera porque cuatro de ellos murieron en un mismo día, hora y lugar, en un supuesto intercambio de disparos, posiblemente, nadie se habría enterado. La prueba está en que los otros 11 murieron y sus muertes pasaron “sin pena ni gloria”.
Vivimos en una sociedad que, prácticamente, ya no reacciona con asombro frente a un acto de violencia, y si lo hace, es con el objetivo de analizar el comportamiento de la víctima y rectivimarla acusándole de ser culpable o de haberse buscado el mal que le hicieron.
Estamos asistiendo al momento en que nos convertimos en una sociedad de indolentes. En donde todo se justifica. Se justifica si matan a una mujer por vestirse con pantalones ajustados o con faldita corta. Se justifica que se viole y se mate a una niña si esta es muy juguetona y risueña.


“Es que esa niña era muy movidita”. “La culpable es la mamá”. “Ella se lo buscó” “de seguro quiere dinero”, se escucha decir con frecuencia cuando una niña es violada y en muchos casos asesinada. Pero el colmo está en que cuando alguien reclama por un servicio deficiente, se le señala como cabeza caliente y hasta se justifica que se le intervenga el teléfono al menor asomo de disidencia o no alineación frente a las ideas del otro.
Una parte de nuestra sociedad ha dejado como materia del pasado la empatía, la solidaridad, sororidad y al “pregón de la justicia”. Realmente…»dolor ajeno no quita sueño».
Preocupantemente, asistimos a generaciones de una sociedad muy diligente cuando se trata de lo económico. Vemos a una parte de la sociedad que está dispuesta a llevarse a quien sea por delante si se trata de ganar o más bien, de arrebatar más, aunque para ello sea necesario “arrancar cabezas”.
Estamos frente a generaciones de seres humanos que ve al otro por encima del hombro y a quien no le importa el dolor de esa otredad, por eso se ve como normal la negación de justicia a una madre que ha tenido que enterrar a su hija, muerta en circunstancias extrañas, o ver acribillar a jóvenes que fueron ultimados cuando lo que se debió hacer era apresarles y llevarlos a la justicia para ser juzgados. Estamos normalizando lo anormal.
Lo normal debe ser lo justo, lo demás es injusticia.
![]()
![]()


