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LA MARCHA VERDE SE MADURÓ!

Por Juancito Pérez

Por Juancito Pérez

Hace unos años, la Marcha Verde sacudió la conciencia nacional. Fue un grito colectivo contra la corrupción y la impunidad, una expresión auténtica del hartazgo ciudadano frente a décadas de robo y cinismo político.

Aquella energía sacó a miles a las calles con la esperanza de un país decente. Pero hoy, esa llama parece haberse apagado. Y no por falta de razones, sino porque muchos de sus voceros decidieron madurar… en cargos públicos.

Mientras los problemas que motivaron la marcha siguen ahí y en muchos casos han empeorado el silencio de sus antiguos líderes es ensordecedor.

¿Dónde están ahora que hay compras sobrevaloradas, escándalos en ministerios, impunidad selectiva, y corrupción maquillada de eficiencia? ¿Dónde están los que decían que el pueblo debía estar en pie? Muchos están cómodamente sentados en oficinas con aire acondicionado, cobrando sueldos de lujo como funcionarios del presidente Luis Abinader.

Bartolomé Pujals y Manuel Robles, por ejemplo, dos de sus voceros visibles, hoy reciben salarios mensuales que superan los 250 mil pesos. Pasaron de denunciar al poder, a disfrutarlo. Y con ellos, se esfumó la esencia de una lucha que prometía ser ciudadana, apartidista y firme.

La verdad es que vendieron la indignación popular como si fuera mercancía en liquidación.

La Marcha Verde se “maduró” en el peor sentido: perdió inocencia, se volvió cómoda, dejó de cuestionar y se convirtió en parte del engranaje que juró combatir. Y lo más triste: ya no representan a nadie, salvo a sí mismos y a sus intereses.

El pueblo que marchó con esperanza fue usado como trampolín para acceder a privilegios, y luego desechado como pancarta vieja.

Una frase lo resume todo:
“El que ayer gritaba justicia y hoy calla por un sueldo, nunca fue coherente; solo estaba en subasta.”

Lo que queda es un vacío, una traición silenciosa a los miles de dominicanos y dominicanas que marcharon con dignidad por un país mejor. Aquellos que creyeron en la fuerza de lo colectivo. Hoy, la Marcha Verde es solo un recuerdo, y algunos de sus dirigentes, simples camajanes con corbata. La lucha por un país más justo sigue, pero será sin ellos y con otro color… posiblemente.

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